Realidad Alterna | La aberración de una alianza improbable

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Por: Lourdes Cano Vázquez.

  1. El objetivo es el mismo que hace décadas, ganarle al PRI a cómo de lugar.
  1. El PAN y el PRD han sido la oposición del PRI por todo ese tiempo, sin embargo, como partidos políticos, tienen ideologías radicalmente distintas.
  1. A pesar del punto anterior, hace varios años que PAN y PRD hacen alianzas electorales que en ciertos casos han rendido frutos y cumplieron su objetivo: ganarle al PRI.
  1. Finalmente en este proceso electoral de 2018, PAN y PRD consumaron la coalición a la presidencia de la República, esta vez con Movimiento Ciudadano, que aporta aproximadamente un 7 por ciento de votos, tan valioso, que puede ayudar a definir la elección. Por México al Frente, con un panista encabezando, Ricardo Anaya.
  1. Lo que se definió como una coalición nacional en el papel y con los presidentes de los partidos sonriendo para los medios de comunicación, es por otro lado un encuentro poco afortunado para los mismos partidos en lo local, pues mientras Anaya, Alejandra Barrales y Dante Delgado pueden llegar a acuerdos en corto, la realidad es que los comités estatales o municipales en gran parte del país tienen diferencias más profundas, además de tener en muchos casos la posibilidad de ganar la elección sin necesidad de aliarse, lo que genera conflictos más complejos que la diferencia ideológica.

El ejemplo claro de esto lo tenemos en el Estado, donde no hay Frente para la gubernatura y Enrique Alfaro se perfila como ganador por Movimiento Ciudadano sin necesitar del PAN o PRD para lograrlo. Aquí es donde surgen los efectos de una unión aberrante, tan solo hay que preguntar, ¿A quién apoya Ricardo Anaya? proviene del PAN, pero al menos en Jalisco, Alfaro es el candidato mejor posicionado.

La congruencia también es cuestionable del otro lado, ¿Por qué Alfaro apoyaría abiertamente a un candidato panista si se negó tajantemente a hacer coalición con ellos? Cómo ser coherentes con lo que dicen y hacen si la línea que debe separarlos está totalmente difuminada.

Ahora bien, desde la perspectiva del elector, ¿Por quién va a votar si ninguna opción define sus posturas políticas para no herir sensibilidades o para no deshacer alianzas? Cómo saber qué tipo de representante se está eligiendo si el candidato ya estuvo una vez en el PRI, pasó después por el PAN y ahora es candidato de Morena o “independiente”, ¿es de izquierda, de derecha, o solamente está con quién le ofrezca estar en la boleta?

Con todo lo anterior, puedo decir que volvemos a la política de los caudillos, o probablemente nunca la dejamos atrás. Nos dejamos emocionar por promesas que parecen productos milagrosos, pero jamás nos detenemos a leer las letras pequeñas, por ejemplo, que la mayoría de esas propuestas deben ser aprobadas por el Congreso. Pero eso sí, gane quien gane, lo seguro es que más de alguno va a renegar de su voto en el futuro, cuando volvamos a la realidad de las acciones y dejemos las promesas atrás.

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