Después de la inundación, la solidaridad emergió | Impreso octubre

by Letra Fría 581

La tarde el 17 de septiembre pasado todo marchaba con normalidad en Unión de Tula, hasta que la lluvia provocó que el arroyo La Mula se desbordara y provocara en un instante, que al menos 30 casas se inundaran. El Suspicaz y Letra Fría les presentan este trabajo especial con voces de las víctimas de esta inundación.

Por: El Suspicaz  y Letra Fría

25/noviembre/2017 Cinco minutos bastaron para que el agua arrasara con todo a su paso aquella tarde del 17 de septiembre de 2017. Todo marchaba con normalidad, hasta que la lluvia provocó que el arroyo La Mula, se desbordara y provocara en un instante, que al menos 30 casas se inundaran.

Los vecinos de la calle Juárez en Unión de Tula – que fueron los más afectados-, no tuvieron de otra más que huir de su vivienda hacia un lugar seguro, aunque tuvieran que saltar bardas o escapar por el techo, lo que les importaba era salvar su vida.

Todo se lo llevó el agua o quedó atrapado en el lodo.

Desde lo más alto que pudieron llegar y a metros de distancia, los vecinos sólo veían cómo la corriente se llevaba sus camas, cilindros de gas, televisores e incluso su ropa y utensilios de cocina:

“Yo me subí al segundo piso de mi casa y desde allá miré cómo se iba mi camioneta y una moto. Se llevó todo el agua, sólo me dejó una base de una cama en el patio, pero que no era mía, fue arrastrada hasta aquí”, dijo una de las afectadas.

A pesar de que las casas se inundaron no fue necesario habilitar un albergue temporal porque los afectados pasaron la noche en casa de sus familiares, para ser precisos, no solo esa noche, sino todas las que siguieron durante una semana, al menos.

Al término de la tormenta, más de 45 personas se sumaron a las acciones de limpieza y desinfección de casas, entre vecinos, elementos de seguridad pública y de la Unidad Estatal de Protección Civil y Bomberos Jalisco (UEPCBJ) Base Regional El Grullo, así como bomberos de Unión de Tula, Autlán y Ayutla.

“Detectamos en el lugar 30 casas que fueron afectadas, con ingreso de agua con niveles de 10 centímetros hasta dos metros y medio. 30 casas reportan daño en menaje, seis vehículos y una cuatrimoto dañada”, dijo J. Jesús Ávila Gutiérrez, comandante de la UEPCBJ.

Los testimonios de la inundación

Dentro de la recepción de su casa vacía tras el paso de la corriente de agua, con una niña pequeña en brazos y con rostro serio, con las huellas del cansancio y la tristeza, José de Jesús narró cómo vivieron en la calle Juárez, la tormenta de aquella tarde:

“Fue como entre tres y media o cuatro que empezó a llover, no tan fuerte pero por mucho rato. Ya empezó a bajar el arroyo de aquí (La Mula), cuando empezó a bajar, se empezó a taponear el agua, empezó a subir el arroyo”, recuerda.

La prioridad fue poner a salvo a su familia, después su patrimonio, pero el tiempo no le alcanzo: “ya no alcanzamos a sacar nada, lo único que fue, es irnos hasta atrás en el corral, hasta mero atrás, y salimos a la otra calle. Cinco minutos, luego, luego subió, no te dio tiempo de agarrar nada, ni de sacar nada. Todo se fue. Nada, nada más nosotros”, narra.

El arroyo se llevó casi todo, pero lo que quedó dentro de su casa, tuvieron que tirarlo porque el lodo echó a perder ropa y los pocos utensilios de cocina que no fueron arrastrados por la corriente.

“Yo y mi hermano tiramos todo. Era ropa, televisiones, los comedores también, las salas, se fueron también las camas, colchones, de utensilios y trastes, todo lo tiramos. Lo que pasa es que no es pura arena, es lodo y lodo acedo más que nada, entonces la ropa y los trastes se percuden y pues para evitar también enfermedades, mejor tirarlos”, explicó. El lodo terminaron de retirarlo hasta el mediodía del lunes 18 de septiembre, mientras, pasaron la noche en un hotel.

Lo que no se llevó el agua se fue en volteos que enviaron las dependencias de gobierno para ser depositados en el basurero.

La casa de José de Jesús y su familia, todavía tiene la marca que les recuerda hasta dónde llegó el agua: más de dos metros de altura y el lodo a 20 centímetros del suelo.

Sobre la banqueta de la calle Juárez, justo frente al arroyo La Mula, hay una casa con la fachada color verde, con techo de lámina. En la banqueta de este lugar, cuatro mujeres de edad mayor platicaban sobre lo ocurrido el día de la inundación.

  • “Lo material de algún modo, lo bueno que no cobró vidas humanas”, exclamó una mujer.
  • “Es que fue muy rápido, se oyó un trueno muy feo y ya estaba el agua aquí”, dijo otra.

Después de recordar los momentos de angustia que vivieron, se dan un tiempo para rememorar incluso, momentos graciosos del suceso, y reír por unos instantes.

“Los policías me sacaron por allá (parte trasera de la vivienda) abrazada. Andaba volada yo (risas). Después se estaban riendo mis muchachos, porque había un viejito y me dijo, venga señora le ayudo, y yo ‘no, no, no’, pero no se arrime el muchacho porque se le apergolló (risas)”.

Más adelante en el curso del arroyo, hay una vivienda, a escasos tres metros del cauce, sus paredes húmedas reflejan que fue cubierta en su totalidad por el agua, días después, una de las habitaciones aún mantiene el lodo: “yo ando limpiando sola, no tengo quien me ayude”, dijo la habitante de al menos medio centenar de años, que vive junto con su padre, de más de 80 años.

Fue otra de las familias que perdieron todo, “lo único que quedó fue el refrigerador, pero lo conecté y ya no enfrió nada, se descompuso”.

Ellos se vieron obligados a salir por el techo de casa, antes que el agua los alcanzara. Retiraron una de las láminas para que ella pudiera escapar, después uno de sus hermanos cargó a su padre, que tiene dificultad para caminar; también logró huir sano y salvo.

De manera tajante, con la voz entrecortada exclamó: “ya nos da miedo cuando vemos las nubes y comienza a llover”.

Una semana después, continuaron las secuelas

Es 24 de septiembre. En el arroyo La Mula aún pueden observarse mesas, trastes, utensilios de cocina, ropa, juguetes y hasta maleza arrastrada por la corriente. ¿Qué hacen ahí? Obstaculizan el paso libre del agua. Las autoridades no las han retirado. Los vecinos apenas alcanzan para limpiar las casas y no cuentan con los recursos suficientes para el pago de maquinaria de apoyo para estas acciones de limpieza del canal.

La lluvia también provocó el derrumbe de varias bardas; los escombros siguen ahí una semana después. El lodo de algunas casas fue depositado en los corrales y ahí permanece a siete días de la inundación.

Esto causa temor entre los habitantes de la zona, ya que el arroyo no resistirá otra tormenta y el agua los volverá a alcanzar. La historia podría repetirse. Esperan que las autoridades se den cuenta de la magnitud del problema. El arroyo necesita acciones de desazolve inmediatas.

Pudo evitarse

“No es la primera vez que sucede una situación similar”, narraron los habitantes. Dicen que hace 18 años pasó algo igual; las casas se inundaron y a raíz de eso, el arroyo fue desazolvado en su totalidad. Tenía al menos tres metros de profundidad y sin maleza.

Hace aproximadamente cinco años, volvió a ser intervenido por las autoridades, con el fin de evitar otro desastre como el de hace 18 años. Pero en 2017, a pesar de las peticiones de los vecinos, quienes ya preveían una situación así, los responsables de acciones de saneamiento de arroyos se hicieron de oídos sordos. Nunca acudieron a realizar acciones preventivas, a pesar del azolve y la maleza existente en el canal.

El gobierno municipal no atendió la demanda de la ciudadanía. Ante las consecuencias de la negligencia de la autoridad, esperan que este suceso sirva de experiencia y no dejen la prevención para después.

La solidaridad abanderó

Desde el día de la inundación, las manos de ayuda no se hicieron esperar. De la Unión Americana, los hijos ausentes de Unión de Tula aportaron lavadoras, refrigeradores y estufas paras los afectados. Incluso, asociaciones eclesiásticas se unieron al apoyo, con algunas camas y colchones. Conforme pasan los días, Unión de Tula va recuperándose de este suceso.

A horas de la inundación, los tulenses se organizaron para – bajo dos toldos color azul – instalar un comedor comunitario para los afectados. Además ahí mismo estuvieron recibiendo víveres de municipios como el propio Unión de Tula, Juchitlán, Ayutla, Autlán y Zapotlán El Grande.

Ahí, además de ayudar, la gente convivió y platicó de manera armónica, se entristecían al recordar, pero sonreían porque los daños fueron sólo materiales. Aseguran que juntos, saldrán adelante, tal como lo hicieron hace 18 años.

DATOS FRÍOS

Se desbordó el arroyo La Mula.

Al menos 30 casas se inundaron.

El nivel del agua llegó hasta los dos metros y medio de altura.

Siete vehículos resultaron dañados.

Los vecinos de la calle Juárez fueron los más afectados.

Este trabajo conjunto de Letra Fría y El Suspicaz, forma parte de la Edición Impresa de octubre, fue publicado en y búscala en las páginas 8 y 9. Ahora lo presentamos en nuestro portal. #ApoyaElPeriodismoRegional.

Comments (581)

  1. After looking at a handful of the blog articles on your blog, I truly appreciate your way of writing a blog. I added it to my bookmark site list and will be checking back in the near future. Please check out my website too and let me know your opinion.|
    Umanizzare Gestão Prisional Ltda https://myspace.com/grupoumanizzare

Leave a Reply

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>