[La Trojde de la Mar] Día de muertos. Entre risas y llantos.

by Maricela Páez Gutiérrez 0

Por: Maricela Páez Gutiérrez

02/noviembre/2017 Guadalajara, Jalisco. (LF) Para Octavio Paz, la muerte en México como sentido y significado de vida guarda la ironía de nuestra existencia. La muerte nos venga de la vida, la desnuda de todas sus vanidades y pretensiones y la convierte en lo que es: unos huesos mondos y una mueca espantable para reír y llorar, decía Paz.

Para morir nacimos y si nos han de matar mañana que nos maten de una vez. La muerte no nos asusta, ni la vida en un país donde subsistir cuesta, porque nada espanta nuestra alegría, la muerte representa lo inevitable, entonces, para qué sufrir viviendo, si podemos vivir en el lamento.

La carga simbólica de la muerte la expresamos entre risas y llantos, en la perpetuidad de los muertos que no descansan porque no los dejamos descansar, nuestros recuerdos los llaman cada dos de noviembre y los invitamos a que vengan una vez más, y disfruten de sus pasiones, de sus placeres, que vuelvan al encuentro de la vida en un egoísmo existencial de los vivos que los quiere de regreso para que tomen agua, para que tomen mezcal, para que vean la luz de las veladoras y encuentren acogida a su regreso; la flor de cempasúchil  con su olor orienta el camino para su encuentro, los queremos en el hogar, su hogar, los queremos en la hoguera el lugar que siempre guarda la espera de la vida y de la muerte.

Los queremos de regreso, por unas horas por unos minutos, una vez más, queremos que estén, cuando en realidad somos nosotros los que deseamos estar en el pasado y traerlos a un presente lleno de misterio, espiritualidad y fe, porque no hay nada que comprobar ni demostrar, los muertos vuelven y nos tenemos que preparar, que nos regresen con hambre, que coman su platillo predilecto y  que el incienso espante los malos espíritus para que no tengan problemas en su camino de  ida y vuelta, hay que limpiar la vereda, purificar el ambiente que no es poca traer de regreso a los muertos.

Arco, cruz, pan, petate, fotografía, sal y papel picado son el marco para su entrada al mundo terrenal, colores, sabores, y la melancolía de su ausencia, todos unísonos   forman el halo místico del día de muertos porque algo peor que la muerte es el olvido, y el dos de noviembre nos recuerda que hay una fecha para volver a la vida desde la muerte.

Que este dos de noviembre los fieles difuntos tengan una  buena acogida en este mundo, que encuentren el amor en la vida, que se vayan sin hambre, sin sed, que tomen el alcohol el café y que entre risas y llantos conozcan la eternidad.

Celebremos el dos de noviembre en la riqueza cultural de un país, que no tiene fin.

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