[Artículo Invitado] Las cifras de la guerra

by Letra Fría 0

Por: Roberto Castelán Rueda

20/diciembre/2017 Guadalajara, Jalisco. (LF) Hace algunos días, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, publicó su reporte mensual sobre el número de homicidios dolosos en el país. En total suman 21,200 de enero a septiembre de 2017, superando ya al año 2011, en el cual se había registrado la cifra más alta de homicidios dolosos. Hasta ahora.

Con estos datos sabemos que hay más de dos mil asesinatos por mes, tres cada hora y más de setenta y ocho por día. El Estado de Jalisco tuvo su cifra más baja en febrero con 110 y la más alta en agosto con 150. Cabe aclarar que estas cifras se refieren a casos denunciados, con carpeta de investigación en curso, es decir, podríamos asegurar que ellas muestran una realidad parcial sobre el número de homicidios dolosos, ya que no incluye a posibles ejecutados enterrados en fosas clandestinas los cuales podrían estar en el “rubro” de desaparecidos, cuyo número nadie sabe con certeza. Pero también es un número que crece.

A simple vista, estamos frente a un problema de cifras, de números fríos, despersonalizados, del cual se valen los gobiernos de los tres niveles para elaborar sus informes, siempre optimistas, sobre el combate al crimen organizado.

De alguna manera, a pesar de que las cifras, aun las oficiales no mienten y el número de homicidios dolosos lejos de disminuir va en aumento, los gobiernos ven y manejan estas cifras sin mucha preocupación, como si se tratara de un aumento de precios temporal sujeto a los vaivenes del mercado.

Pero obviamente no son cifras. Cada número tiene un nombre y un apellido. Una familia, un núcleo de amigos y un espacio social en el cual se desarrollaron. Son personas, seres humanos, ciudadanos, víctimas de una violencia generalizada en el país que no tiene visos de parar.

A los gobiernos las cifras los tienen sin cuidado. ¿Son muchos los homicidios dolosos en México? ¿21,200 asesinados es una cifra alta? ¿Debemos preocuparnos por esa cifra? ¿Cuántos asesinatos serían motivo de nuestra preocupación y la de los gobernantes? ¿De qué estamos hablando exactamente? ¿De homicidios aislados? ¿De ajustes de cuentas “entre ellos”? ¿Podríamos hablar de una guerra civil soterrada?

Vivimos una guerra civil molecular, en donde el mecanismo del odio, sentimiento de vulnerabilidad, miedo, culpabilidad y las estrategias de sobrevivencia, se convierten en el motor de la sociedad inmersa en ella.

 

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de Letra Fría*