La Troje de la Mar | De alianzas políticas y amores fingidos

by Maricela Páez Gutiérrez 0

Por: Maricela Páez Gutiérrez

04/enero/2017 Guadalajara, Jalisco. (LF) En nuestra historia reciente están las memorias de aquellos matrimonios  que en nombre de los intereses económicos y morales de las familias emparentadas  se juraban amor y  fidelidad. En calidad de menores de edad, sin deseos, anhelos e intereses propios, los contrayentes se sujetaban a lo que los padres decidían por ellos, no se les preguntaba si querían casarse con mengano o perengano, a nadie le importaba si los prospectos al matrimonio  se gustaban, si se deseaban, si había interés genuino y mutuo entre sí, se decidía por ellos porque así “convenía” a los intereses de los “jefes” y no había más.

Los desenlaces de muchas de estas historias a veces salían a flote, otras se guardaban con la amargura propia de aquellos que no se aman, que no se confían y que se unen por interés, y no por gusto, por simpatía, por amor; eran fracasos anunciados, con trasfondos  contaminados pero con fachadas perfectas, maquilladas donde reinaba la  hipocresía, y poses bien estudiadas para que la obra de teatro no se saliera de control.

En analogía con tan penosas prácticas sociales de antaño y que siguen hoy en día  con vigencia en estratos sociales de “gente bien” las alianzas políticas hechas para el proceso electoral 2018 revelan penosamente que así como a los elegidos a matrimoniarse por intereses familiares no se les preguntaba si se querían casar, tampoco a las bases de los distintos partidos políticos se les preguntó si querían emparentar con los azules, naranjas, colorados, verdes y morados. Los jefes, los de “arriba” lo decidieron, violentando procesos e ignorando las voces de sus afiliados.

Como menores de edad, a los miembros de los partidos políticos se les impusieron decisiones cupulares que responden a intereses cupulares, pero que en esencia las alianzas, si bien, se justifican como medio para conseguir fines, surgen de procesos manoseados, penosos, simulados, violando estatutos partidistas, voluntades de mayorías,   corroborando una vez más con su proceder que  las instituciones políticas muestran una decadencia que no hay forma de parar.

Aun cuando las alianzas parecen garantías políticas para ganar elecciones, lo creado en escritorios no corresponde a la realidad, cada lugar, cada ciudad y municipio tiene su historia política, tiene proyecciones a futuro de lo deseable, aparecen voluntades y expresiones que emitirán votos dignos, no inducidos, no amañados y la ficción, las burbujas amorosas, los amores fingidos tendrán como fin su propio origen, la incompatibilidad, porque las alianzas deben ser voluntades de respeto, de confianza, de credibilidad, no de imposiciones, en una especie matrimonios “arreglados” y de amores fingidos, de contratos que no son otra cosa  que obligar a dormir con el enemigo.

 

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