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Por: David Chávez Camacho

Autlán, Jalisco; 01 de julio de 2019. (Letra Fría) Los comunes aún no sabemos de qué tratan la cuarta transformación política de México y la refundación de la vida pública de Jalisco. Ha habido interés de hacérnoslo saber, por parte de quienes lideran la transformación y la refundación, Andrés Manuel López Obrador y Enrique Alfaro Ramírez, respectivamente, porque en ello van sus proyectos políticos, pero los comunes estamos ocupados en sobrevivir.

Está por un lado lo económico, pero es aún peor la inseguridad pública, y ésta parece agravarse. Cuando se vive con miedo, es complejo andar con sutilezas de pensamiento político. Sin embargo, es necesario hacerlo. 40 mil desaparecidos y 26 mil cadáveres sin identificar son o debieran ser motivo más que suficiente para reaccionar. Al problema hay que sumar la violencia y los delitos diarios.

Sin embargo, es de notar que López Obrador por exceso, y Alfaro Ramírez por omisión en su comunicación, no han unido a los mexicanos ni a los jaliscienses, respectivamente, en lo que pudiéramos llamar una misión colectiva. Tampoco lo ha hecho la sociedad civil. Parecemos resignados a la mala situación.

Es evidente que el discurso de Andrés Manuel López Obrador fue muy potente, tanto que aún conserva su fuerza, aunque el desgaste de gobernar lo haya reducido ya, no lo suficiente. Fue tan potente debido a que manifestó al estado de ánimo de un México en hambruna de justicia y de equidad, y avasalló otros discursos, entre ellos el de Alfaro Ramírez, quien se ha visto incómodo en un escenario en el que su oposición discursiva dejó de ser el PRI.

Lo que Alfaro y su equipo de comunicación entendieron tarde –si es que ya lo entendieron-, es que permanecer combatiendo a los gigantes priistas lo hizo ver en combate con molinos de viento. Luego viró y creyó conveniente combatir discursivamente a López Obrador, lo que fue otro error. AMLO, por su parte, habrá de entender que su adversario discursivo es su propio discurso, que tantísimas expectativas generó.

Lo cierto, y he aquí el problema, es que tanto Andrés Manuel como Enrique comunican un proyecto político, no un proyecto de país ni de estado, aunque los tengan. De ahí que a los mexicanos y a los jaliscienses no nos quede claro qué debemos de hacer para que haya transformación y/o refundación.

Ello en verdad es un problema, porque vuelve a dejar en manos de élites las decisiones sociales y las reformas institucionales. Es claro que las consultas en formato levantar las manos son una mala broma que se presenta como democracia directa.

Por supuesto, en muchos sentidos, los mexicanos y los jaliscienses no debiéramos necesitar de uno u otro liderazgo. En cambio, sí debiéramos pensar y actuar con un mínimo de inteligencia. Es difícil que podamos hallar o construir unidad, México es demasiado complejo y diverso para ello. Pero podemos desarrollar un sentido de vecindad, lo que debiera bastar para ejercer respeto y legalidad. Mi vecino merece respeto, es conveniente que ambos lo entendamos. México, Jalisco, Autlán, etcétera, son espacios en los que convivimos, en los que decidimos ser vecinos.

El liderazgo debe estar en la ciudadanía, el cambio.

MA/MA

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