Agenda Ciudadana | El protocolo del cambio

en Plumas

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 11 de marzo de 2019. (Letra Fría) México y Jalisco viven tiempos interesantes. No es novedad, si damos el significado que otorgan los chinos a tales tiempos: los problemáticos. En tal sentido, toda la historia de México ha sido interesante. Sin embargo, en términos políticos, ésta es una época que ha despertado interés, incluso pasiones, en el sentido más entusiasta, lo que desde hace décadas no se veía.

Claro, la época ha polarizado los discursos. El “protocolo del abucheo” que nombró el gobernador de Colima, José Ignacio Peralta, durante mitin con el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, señala la crispación política que vive México entero. Lo cierto es que el abucheo es deporte nacional desde, y hacia todos los puntos cardinales. Nadie es inocente en la crispación. La novedad, en todo caso, es que hay entusiasmos políticos, y éstos son mejores que la resignación.

Durante décadas, hubo resignación y de la peor, ésa que llaman resignación pragmática. La resignación, creo, ha quedado atrás, pero la actitud pragmática pareciera persistir. Así, ¿qué tipo de entusiasmo político es el que se vive? ¿Hacia dónde nos podría llevar? Son, me parece, las preguntas más pertinentes por estos días.

En Jalisco —y no es disparatado decir que en México—, hay dos movimientos que protagonizan el acontecer político actual. Uno es MORENA, Movimiento de Regeneración Nacional, y otro MC, Movimiento Ciudadano. ¿En qué se parecen?  Para empezar, se parecen en que ambos son movimientos. También son similares en ser contrarios a lo que se ha llamado forma tradicional de hacer política. Lo fueron, obviamente, como movimientos electorales, y aún lo son como movimientos políticos, con la excepción de que al ejercer como gobiernos la tradición significa institucionalidad que no se puede ni se debe dejar de lado.

Son similares aun en su conformación plural, incluso contradictoria, al integrar izquierdas y derechas. En MC se unió a miembros de PRD con miembros del PAN, por citar, y en MORENA  a PT y a Encuentro Social. De tal forma se parecen en la indefinición ideológica que ambos movimientos asumen estratégicamente, pues su éxito ha consistido en su capacidad de sumar. Mientras tanto, PRD, PT, PAN, Encuentro Social, PRI, etcétera… se desdibujan.

Son similares también en sus liderazgos personalistas y carismáticos. Enrique Alfaro, de MC, y Andrés Manuel López Obrador, de MORENA, brillan por su presencia, fueron ellos quienes detonaron sus respectivos movimientos, quienes supieron leer la época y actuar en consecuencia, quienes lideran además el discurso político. No lo son todo —y obviamente se les exhorta a que no lo quieran ser—, pero dirigieron exitosos movimientos de oposición y ahora dirigen y lideran sus respectivos gobiernos.

Otra similitud. Proponen y ejercen cambios. Jugando con las palabras, podemos decir que no hay transformación sin refundación, ni refundación sin transformación. Hay, claro, una necesidad de justicia social escuchada por ambos. Hay preguntas al respecto de la parte programática de sus respectivas propuestas, pero en general se coincide en que ésa necesidad de cambio es un grito de la historia, ante la degradación política y gubernamental registrada durante décadas, degradación cultural en general.

¿En qué difieren? La mayor diferencia tiene base en sus respectivas jurisdicciones. Uno gobierna al país, y asoma como centralista. Otro gobierna a Jalisco, y asoma como federalista. Lo primero se entiende, aceptando sin conceder, como estrategia; lo segundo es necesario, con el agregado de que Jalisco es la cuna del federalismo y ello tiene gran estima local.

La balanza, en todo caso, carga en un lado a la palabra justicia y, en el otro, a la palabra democracia. Los mexicanos y los jaliscienses aspiramos a ambas, a la justicia y a la democracia; queremos ganarlas, ninguna queremos perder. Esto, creo yo, es lo que sigue.

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