Agenda Ciudadana | Los Olvidados

en Plumas

Por: David Chávez Camacho

Autlán, Jalisco; 05 de agosto de 2019. (Letra Fría). -En México (ya se sabe, aunque una cosa es saber algo y otras ser consciente de ello), que la pobreza es uno de nuestros grandes problemas sociales. Ésta, la pobreza, genera o intensifica otros muchos problemas, entre ellos la violencia y la degradación cultural. Los mexicanos la sufrimos a diario. Lo que no sabemos cómo sociedad es cómo actuar al respecto.

Hago esta reflexión luego de haber visto, de nuevo, la película Los Olvidados, del director español Luis Buñuel, filmada en México en 1950. Película considerada entre las mejores de la historia del cine a nivel mundial. Obtuvo el premio de Cannes, en 1951. Está disponible en YouTube, y recomiendo verla a quien no lo ha hecho, especialmente a los jóvenes.

Esta película narra lo ocurrido a un grupo de adolescentes pobres mexicanos entrampados en la miseria, una historia trágica que termina en muerte. Tiene personajes espléndidos, como derivados de estudios sociológicos profundos, si fuera el caso de que el arte los necesitara para captar e interpretar la realidad.

Uno de tales personajes es “El Jaibo”, un adolescente, el mayor en la película, atrapado en la reincidencia delictiva, sin familia. Otro es “Pedro”, un muchachito sin padre, con madre viuda empobrecida, capaz de entender la necesidad de sobreponerse con esfuerzo a sus circunstancias, pero víctima al fin de su entorno.

Los Olvidados fue una película rechazada inicialmente en México, despreciada, porque mostraba con gran crudeza la realidad social del país. No gustó, en una época en la que los gobiernos mexicanos alardeaban de desarrollo, urbanización e industrialización del país. Los Olvidados rompió la propaganda oficial y desnudó la hipocresía de una sociedad, la mexicana, que prefiere apelar a Dios y a la Virgen, antes que a la realidad.

Los Olvidados es también una película vigente, cuya denuncia vale en la actualidad. La miseria cultural y moral persiste, como persisten el clasismo y el racismo. La pobreza, no se diga, incluso la pobreza extrema, con sus consecuencias, especialmente el crimen.

Otro gran personaje de la película es un ciego, músico ambulante, abusado y miserable, que expresa repetidamente su nostalgia por los modos autoritarios de Porfirio Díaz. Ése ciego personifica y simboliza a quienes aún hoy sienten tan nostalgia por el juicio sumario porfirista que metía orden violentamente.

Pedro, el adolescente que intenta trabajar y educarse, intento que se ve frustrado terriblemente, al grado de terminar como cadáver lanzado a un tiradero de basura, tiene como personaje amable al director de una granja de reeducación, que bien pudiera simbolizar a ciertos y supongo que pocos servidores públicos de ciertas instituciones que aspiran a rescatar de la miseria y sus estragos a los adolescentes y jóvenes.

Hoy en México se habla de reinserción social, una buena idea, cuyo significado debiera ser difundido. Mientras no se haga así, la nostalgia por el “mátalos en caliente” persistirá, en un dañino ánimo de castigo y de venganza que nada resuelve y todo lo empeora.

Ojalá los comunicadores de los gobiernos federal y estatal se pusieran las pilas al respecto.

MA/AJEM

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