Agenda Ciudadana | Naturaleza, espejo roto

en Plumas

El pasado día viernes al mediodía, el cielo sobre la Zona Metropolitana de Guadalajara se convirtió en un paisaje con una estética extraordinaria, impresionante, con un sol  rojo detrás de una gran estela de humo.

Era un paisaje que se debía al incendio en el Bosque La Primavera, un ecosistema en el que conviven 60 especies de mamíferos, 40 de reptiles, 20 de anfibios, siete de peces y 205 de aves, con más de mil especies vegetales.

La ZMG es privilegiada naturalmente. No sé cuántas ciudades del mundo cuentan con bosques, barranca, lagos, ríos, valles y cerros, dentro de sí o a apenas unos kilómetros. Eso sin contar su cercanía con el mar.

Sin embargo, tiene el río más contaminado de Latinoamérica, lagos igualmente contaminados, incluido el más grande de México, apenas a salvo de los desecadores inmobiliarios; y bosques que cada año, sin falta, son incendiados intencionalmente.

Uno podría pensar que tal es el problema típico de las ciudades capitales, que crecen a expensas de su propia naturaleza, pero en Autlán, su zona metropolitana, y la región Sur, no cantamos mal las rancheras en materia de contaminación y degradación ambiental.

Por acá nos debemos avergonzar de la degradación forestal, la contaminación de aguas, las contingencias atmosféricas y esto y aquello.

Detrás de esta indolencia insolente ante la naturaleza ha de estar aún la confianza infinita que generó el mito de la extraordinaria abundancia natural hacia nosotros que le acreditan a Dios; pero también está, más mundana y real, la ambición desmedida y las políticas públicas cómplices.

Quizá estemos condenados a carecer de naturaleza, para valorarla. Es un argumento contradictorio, pero así de absurdos hemos sido cuando de convivir en la naturaleza y con ella se trata.

Los mexicanos aún estamos peleados con nosotros mismos, con nuestro pasado y con nuestro presente; en tal conflicto interior, la naturaleza la paga.

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