Una sombra en el tendido de sol. De los indultos…

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LuisAlbertoSanchezAguirre

Por: Luis Alberto Sánchez Aguirre

LuisAlbertoSanchezAguirre28/abril/2014 Autlán, Jalisco. (LF) Hace unos cuantos días, un par de amigos míos discutían a cerca de los indultos. El debate inicialmente se basó en la cuestión de a quién le correspondía el mérito. Uno decía que era un premio para el toro, el otro, que era para el torero.

El primero argumentaba que la gloria y el honor, eran del astado dado que su bravura le daba el privilegio de conservar la vida. El segundo sustentaba su dicho en que los toros no se torean solos; quienes sacan a relucir sus cualidades y virtudes, son los espadas a los que les toca en suerte lidiarlos. Y así se sucedió un intenso, pero interesante estira y afloja.

Indudablemente, el premio es para el toro por lo anteriormente mencionado respecto del perdón de su vida. El triunfo y el mérito, es de ambos, siempre y cuando sea un indulto merecido y auténtico. Puede salir por la puerta de toriles un toro de bandera, que cae en manos equivocadas e inexpertas que no le dan la lidia adecuada y entonces pasa sin pena ni gloria por el ruedo de cualquier plaza; así mismo, puede ser un toro que no vale absolutamente nada, pero que es indultado simple y sencillamente porque su lidiador se dedicó a “torear” al tendido con detalles de cara a la galería feriante.

El indulto, para otorgarse, debe de ser respaldado por la bravura del bovino; característica que será evaluada al transcurrir toda la lidia, es decir, durante los tres tercios de la misma. Para este fin, el de luces debe contar con las herramientas básicas: el oficio, la técnica, el valor y la inteligencia para explotar y aprovechar al astado cabalmente. Sin embargo, y siendo fieles a la verdad, la mayoría de los indultos son inmerecidos.

Existe una delgada, pero imprescindible línea que delimita la casta y la bravura, de la mansedumbre y la docilidad. Actualmente, no solo en nuestro país, sino en toda la geografía taurina, pareciera ser que se premiaran las segundas. Es así como podemos ser testigos de infinidad de indulgencias desde Sevilla hasta Autlán, pasando por la México hasta Villa Purificación y poblaciones circunvecinas. De este modo, cada año se registran un sin número de indultos en plazas supuestamente importantes de nuestro país, de astados que curiosamente pertenecen a las vacadas de los dueños de los cosos taurinos en cuestión. (Por ejemplo Aguascalientes que año con año durante su Feria Nacional de San Marcos tiene este tipo de sucesos).

En la columna de la semana pasada, mencionamos el tercio de varas como la prueba máxima a la que es sometido el toro para demostrar que es bravo. Pero ¿qué sucede en nuestras plazas durante dicha suerte? La gente protesta sin saber el por qué ni para qué. No consciente ni asimila el importante, necesario y trascendental acto, por lo tanto, arroja todo cuanto tiene a la mano… ya sean limones, cervezas, guámaras y hasta mentadas, con tal de que el astado no sea picado. Se ha convertido en un mero trámite. ¿Cómo se puede indultar un toro que no ha acudido al encuentro con el caballo y por lo tanto no ha peleado en el peto?

Entonces se obtiene como resultado, una fiesta “light”, donde basta con que el toro  acompañe paso a paso los trazos que se delinean con los trastos de torear cual si fuera un  animal domesticado y adiestrado dejando totalmente de lado la lidia, lo que significa poderle a la res sometiéndola por bajo.

¿Tiene esto sentido? Ninguno. Un indulto significa la preservación de la bravura y la casta. El toro que obtiene el perdón de su vida, regresará a su ganadería para “padrear” y heredar su genética a un hato de vacas y morirá de viejo en el campo porque se lo ganó en el ruedo, ya sea éste, el de una plaza de tientas o el de una Monumental dentro del marco de una feria importante. Sabemos que a muchos criadores no les interesa esto, sino que las “figuras” toreen sus toros precisamente por no representar un peligro mayúsculo. No obstante, también existen ganaderos escrupulosos que jamás pondrían como semental a un animal indultado que no lo merezca.

Así pues, seamos cuidadosos y exigentes, quienes nos decimos aficionados a esta fiesta. De lo contrario, los días de la misma, por más indultos que haya, están contados.

Comments (43)

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