Desde la Ciencia | Alimentación y medio ambiente

en Plumas

Por: Oscar Cárdenas

Autlán, Jalisco. 30 de abril de 2019. (Letra Fría) Entre los problemas que más preocupan y ocupan a la comunidad científica, se encuentran el calentamiento global y la sobrepoblación. Se estima que en el 2050 alcancemos una población mundial de 10,000 millones de personas (Figura 1), y alimentar a una población tan grande será extremadamente difícil pero no imposible, de acuerdo con un estudio publicado en la revista The Lancet.

Figura 1. Población mundial desde 1800 y proyecciones al 2100 (imagen obtenida del sitio http://theconversation.com).

Todo depende de si los humanos podemos reducir la dosis diaria de productos animales y cambiar a un plan de alimentación más flexible, basada principalmente en plantas con cantidades más bien modestas de pescado, carne y productos lácteos.

A medida que la población mundial sigue creciendo, los expertos han estado advirtiendo durante años que se necesita con urgencia una transformación radical del sistema alimentario mundial. De lo contrario, nunca podríamos cumplir con el acuerdo climático de París o los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Johan Rockström, investigador del Centro de Resiliencia de Estocolmo dice que “la producción mundial de alimentos amenaza la estabilidad del clima y la resistencia de los ecosistemas, ya que constituye el principal impulsor de la degradación ambiental y la transgresión de los límites planetarios. En conjunto, el resultado es grave” (https://www.stockholmresilience.org).

Reuniendo a científicos líderes de todo el mundo, la Comisión EAT-Lancet ha desarrollado lo que denomina “la dieta de salud planetaria” (Figura 2). La buena noticia es que muy poca comida que comemos ahora estaría prohibida. Más bien todo se trata de la moderación. Por ejemplo, se podría disfrutar de un delicioso bistec de jugosa carne roja, pero sólo una vez al mes más o menos. Por otro lado, el pescado y el pollo se podrían consumir más de una vez cada pocos días. En este contexto, las nueces y las legumbres podrían cubrir las necesidades de proteínas al reducir el consumo de productos cárnicos.

Figura 2. Dieta planetaria saludable (imagen obtenida del sitio http://sdg2advocacyhub.org/news/eat-lancet).

Walter Willett, uno de los investigadores experto en epidemiología y nutrición de la Universidad de Harvard, escribe: “La transformación hacia alimentos saludables para el 2050 requerirá cambios sustanciales en la dieta”. “El consumo global de frutas, verduras, nueces y legumbres tendrá que duplicarse, y el consumo de alimentos como la carne roja y el azúcar tendrá que reducirse en más del 50 por ciento” (https://nutritionfacts.org/es/video/plant-protein-preferable).

No será fácil cumplir con estos objetivos ambiciosos. No solo se requerirá una dieta más flexible, sino que también tendrá que haber reducciones drásticas en las pérdidas y el desperdicio de alimentos, y mejoras importantes en las prácticas de producción de alimentos.

Sin embargo, si hemos de creer en la investigación de la Comisión, los cambios revolucionarios valdrán la pena. Basándose en docenas de estudios, los autores predicen que un mayor consumo de dietas basadas en plantas podría reducir las emisiones de gases de invernadero en un 80 por ciento en 2050.

Los cambios no solo salvaguardarán nuestro entorno, sino que los autores estiman que evitarán aproximadamente 11 millones de muertes por año, lo que representa casi una cuarta parte de todas las muertes entre adultos.

Las principales objeciones son principalmente sobre los beneficios para la salud pública, y algunos argumentan que el informe no proporciona suficiente evidencia científica de que las dietas basadas en plantas son mejores para la nutrición de una persona.

Sin embargo, los autores argumentan que los datos que utilizaron, basados en docenas de estudios de alimentación controlada aleatoria, son suficientes y lo suficientemente sólidos como para justificar una acción inmediata.

Si la Comisión simplemente quisiera proteger el medio ambiente, sin preocuparse por la salud pública, los autores dicen que habrían insistido en una dieta vegana o vegetariana. La dieta flexible fue esencialmente su manera de comprometer nuestra necesidad de acción climática con la salud pública sostenida. Los objetivos son ciertamente ambiciosos, pero los autores dicen que son posibles y necesarios.

En este sentido, la invitación a los lectores de Letra Fría es a reducir el consumo de carnes rojas y elevar el consumo de plantas que puedan suplir estas proteínas. De esta manera, lograremos tener una mejor salud y reduciremos la emisión de gases de invernadero, responsables del cambio climático.

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