[Desde la Trinchera] Obras caras y malas.

by Sergio Robles Corona 4

Por: Sergio Robles Corona

28/septiembre/2017 Ejutla, Jalisco. (LF) A lo largo de las administraciones municipales, en la gran mayoría de los municipios -por no decir que en todos-, vemos cómo se realiza la obra pública, obras que en su presupuesto pueden costar hasta un 200% más de lo que cuestan en realidad.

Hay presupuestos inflados, sobretodo en obras de pésima calidad, que no cumplen con la expectativa, ni con la necesidad de la ciudadanía y que en muchos casos se terminan y se convierten en un problema que genera más accidentes que beneficios. Ese ha sido y sigue siendo, el patrón de comportamiento de las obras públicas de los municipios.

Los Ayuntamientos emiten facturas infladas, de materiales por cantidades muchas veces exorbitantes, que no corresponden a la realidad de la obra en construcción y termina de mala calidad, y por ende no solucionan el problema para el que fueron proyectadas.

Hemos visto carreteras mal trazadas y que, ojalá, duraran al menos uno o dos años, pero en la primera temporada de lluvias les salen los baches.

Existen dos obras: una es la que se presenta en el proyecto ejecutivo y otra, la que se ejecuta.

Sobre nóminas… infladas. Vemos que les pagan sueldo a personas que nunca se han parado por allí, son aviadores.

Pero ¿De quién es la culpa? La mala ejecución de una obra, en la mayoría de la ocasiones, se debe al desvío de recursos por la empresa o autoridad que la ejecuta; a la complicidad de las autoridades municipales y sus cuerpos edilicios, los cuales deciden guardar silencio; al pésimo trabajo que realizan las auditorías de los gobiernos estatales y/o federales, las cuales solo realizan un trabajo de escritorio y dan por validadas obras inconclusas o en pésimo estado y que en su mayoría, los que auditan son incapaces de realizar una visita a la obra y, de una forma irresponsable, se quedan con el papel para “desocuparse más rápido”. Los proveedores también entran y con el fin de ampliar su cartera de clientes y ganancias, participan en este acto de corrupción prestándose a facturar materiales jamás entregados, pero llevan moche.

Los ciudadanos también somos responsables, por no informarnos y por guardar silencio, un silencio demasiado costoso si consideramos que al final, somos los beneficiarios o los perjudicados–en la mayoría de los casos- de dichas obras.

Esta columna forma parte de contenido del impreso de septiembre. Aquí los puntos de venta.