[Desde El Patíbulo] 2 de Noviembre: cuando los muertos respiran.

by Carmen Aggi Cabrera 541

Por: José Guadalupe Franco Villalobos

franco200x20002/noviembre/2016 El Grullo, Jalisco. (LF) En San Pedro Tlaquepaque se desarrolla un evento de día de muertos que ya lleva cinco años en realizarse. El pueblo alfarero se vuelca a las calles principales de la cabecera municipal para desarrollar actividades recreativas en torno a evocar a aquellos seres que ya han partido de este mundo terrenal. Los altares de muerto cubren las calles principales con los multicolores sustentados en las flores, en los recortados de papel de china, en las veladoras encendidas, en las cruces de sal, en la quema de incienso y sobretodo en los personajes a quienes están dedicados. Así pudimos ver a un Juan Gabriel recién fallecido, a un Cantinflas o de personas de la comunidad alfarera que ya han partido al inframundo.

Lo que llama mucho la atención son las cuantiosas personas que acuden al  evento con rostros de “calaveritas”. Los rostros con maquillaje de muertos abundaban de manera sustancial. Las trabajadoras del maquillaje no se dan abasto ante la demanda de los transeúntes que deseaban “desencarnar”  al menos por ese día. Las cuencas de los ojos, los pómulos resaltados, los colores blancos y negros en los rostros, las lentejuelas, los atuendos con flores y sobretodo el ánimo de festejo de esos seres queridos que en el colectivo familiar o el colectivo comunitario se reconocen por lo que significaron.

Claro que la escenografía de San Pedro Tlaquepaque resulta única para festejar a los santos difuntos. Sus calles angostas, las casas con fachadas coloniales, los dos templos franciscanos iluminados, el kiosco estilo francés, la música  y los platillos típicos mexicanos se conjugaban para hacer una mezcla mítica en torno a seres que ya se encuentran en la cuarta dimensión y que sin duda más de uno de ellos transitaba junto a aquellos que a la vez participaba en los festejos. Las catrinas y los catrines, las calaveras o personajes afines a la fiesta,  caminaban del brazo saludando a los transeúntes quienes les solicitaban la toma de selfies   de forma constante, a lo que a más de uno de ellos les regalaban alguna moneda.

Lo que sí resultaba evidente es que el festival de la muerte, nombre oficial, cumplía con un objetivo principal: revivir las raíces culturales de nuestro pueblo mexicano. La respuesta de la gente, era evidente: Nos reímos de la muerte,  la retamos, la festejamos y conmemoramos a nuestros seres queridos. Aquellos a quienes amamos a pesar de la distancia. El sentido de la muerte parecía que lograba un significado muy peculiar: Los reunía en torno a un significado profundo del adiós, de la partida hacía lo desconocido y de sobre manera de las formas en que podemos morir. En un país, como México, donde miles de personas mueres, son desaparecidas, sepultadas clandestinamente   o muertas en vida, bien vale la pena decirnos a nosotros mismos que esta es nuestra cultura, esta es nuestra identidad, estás son nuestras raíces; y por más que intenten “borrar” nuestra identidad no podrán ante el amor que profesamos a  nuestros seres queridos que han partido de esta tierra física.

El día de hoy, 2 de noviembre, muchos acudirán al panteón de su localidad. Llevaran coronas de flores, comida y música. Rezaran y recordaran a esos que se fueron, pero sobretodo regaran con lágrimas  las raíces que no mueren, que retoñan, dan flores y frutos. Eso somos, somos México, que tiene un día para recordar, para soportar el dolor y que sobrevive en torno a la esperanza de un país mejor. Nos veremos en el próximo Desde El Patíbulo.

 

 

 

 

 

Comments (541)

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