-Idas y vueltas- Escenas de vértigo…

by Néstor Daniel Santos Figueroa 0

 

Por: Néstor Daniel Santos Figueroa.

08/noviembre/2017 (LF) En el 2001 salió al aire 24, una serie de acción policial con todos los elementos que tanto le gustan a los estadounidenses, y por extensión a todo el mundo occidental: conspiración, terrorismo, tecnología, dramas personales, agencias secretas, corporaciones tenebrosas, espionaje, armas, explosiones y muchos balazos. Nada extraordinario, a no ser por la innovación narrativa que presentó: los episodios tenían lugar en el transcurso de una hora y se mostraban los acontecimientos a medida que ocurrían, en tiempo real. Es decir, un minuto al aire equivalía a un minuto real en la serie. Al ser 24 episodios, entonces la historia ocurría en el mismo número de horas: 24, un día. En 24 capítulos vimos lo que ocurrió en 24 horas reales, esa fue la ilusión que provocó la producción.

Esta serie marcó el cierre de una época del cine y la televisión comercial dirigida a la Generación X. Durante 8 años compitió con las primeras producciones hechas para el público Milenial, la nueva generación de consumidores, ávidos no solo de contenidos diferentes, sino de otras narrativas y sobre todo, una manera diferente de consumir, lo que alcanzaría su momento climático con la aparición de Netflix y el sistema on demand.

En el 2007 se estrenó una película sobre la popular franquicia de entretenimiento Transformers. En esta película hay una escena en la que, a grandes rasgos, ocurre lo siguiente:

Un grupo de soldados se aproxima a un pequeño pueblo-campamento árabe en Qatar, después de un ataque a su base; justo antes de llegar son atacados por un decepticon; corren; se refugian; contraatacan; buscan un teléfono; consiguen un teléfono satelital; consiguen hacer una llamada; el pentágono responde y envía un avión de reconocimiento; el avión confirma el ataque, envía imágenes del enemigo y entonces del pentágono se comunican con otra base desde la que despegan dos cazas; la ayuda llega y logran hacer huir al enemigo. Hasta aquí la acción se desarrolla entre ráfagas vertiginosas de acción, gritos, balas, explosiones, heridos, etcétera. Al final de la escena, un helicóptero llega y rescata a los soldados.

La escena descrita dura apenas seis minutos, el paso del tiempo en la narración pasa a un segundo, casi tercer plano, privilegiando lo visual sobre actuaciones, diálogos y desarrollo de los personajes, los cuales no alcanzan una relevancia dramática en la trama. En general, las acciones de la película ocurren en “x” horas o días, no es lo importante y además no hay espacio para la calma y la reflexión, para hacer una pausa y poder ver el asunto desde una perspectiva más serena. No se permite al protagonista explicar nada, situaciones simples que podrían resolverse con una simple aclaración no se resuelven, las escenas avanzan  sin respiro, todo se plantea en el extremo del vértigo.

Los días posteriores al 19 de septiembre fueron una avalancha de ímpetu, sobre todo de los jóvenes. La organización para ayudar a los afectados llegó al grado de sobrepasar las necesidades, que sin duda eran muchas. La información fluía sin control, y sobre la marcha se fueron corrigiendo los errores. La consigna era una sola: había que ayudar y cualquier cosa que no tuviera que ver con ayuda se rechazó tajantemente.

Un servidor publicó en su espacio personal en Facebook una reflexión sobre lo que estaba pasando, y fue duramente criticado. “No era el tiempo para reflexionar, era el tiempo de ayudar”. Y un servidor se quedó a la espera de que ellos, la generación que se colgó la medalla del rescate de un México destruido por la geología, indicaran el tiempo adecuado para sentarse y pensar sobre lo que pasó.

Sin embargo, hay un patrón visible: ante los acontecimientos, el ímpetu explota… para apagarse después, a la espera de la siguiente detonación.

(Mientras tanto, trato de entender su noción de la urgencia, su manejo del tiempo, su escala de prioridades, tan parecidas en primera instancia a las escenas de Transformers…)

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