Idas y Vueltas | Prometer no empobrece…

Noticias

Por: Néstor Daniel Santos Figueroa.

Hay algunas situaciones a las que un municipio se enfrenta cada que inicia una nueva administración. No por regla general, pero en la mayoría de los casos ocurre así, y en nuestra región también. Situaciones que bien podrían calificarse como evidentes debilidades sistemáticas: la conformación y perfil del personal de base del gobierno, que poco o nada conoce de la administración pública municipal; la selección de asesores con agenda propia que acompañan y adquieren mucho valor para la toma de decisiones; las capacidades de administración instaladas al interior de cada área (Planeación, Organización, Ejecución, Control y Evaluación); la capacidad para generar servicios y bienes públicos (obras) de calidad con los recursos disponibles; y la capacidad de establecer y desplegar apuestas estratégicas para el desarrollo de la comuna en su propio contexto regional, sin perder de vista dinámicas y tendencias globales.

En suma, no saber qué hacer de entrada o saber muy poco. Ello se traduce en una situación que rebasa cualquier esfuerzo moral y operativo, de aquellos que desean marcar la diferencia y “hacer bien las cosas”. La problemática municipal es estructural, no sólo actitudinal o motivacional. La problemática señalada es muy frecuente y se repite trienio tras trienio, en amplios territorios.

Una explicación bastante difundida y aceptada como válida en las diversas poblaciones municipales, asocia el estado y comportamiento de la dinámica municipal a “los cambios políticos”, específicamente, los cambios en los cargos de elección popular: La presidencia, la sindicatura y las regidurías.

El cambio trianual de gestión, -deseable y necesario en la vida democrática de un municipio-, no debería significar bajo ninguna circunstancia el “borrón y cuenta nueva” que hoy por hoy, significa. No obstante, la experiencia es avasallante, en muchos municipios el cambio de las autoridades políticas, implica un alto costo de facto para la ciudadanía, (costo principalmente asociado a las decisiones de las nuevas autoridades políticas electas y no del cambio por sí mismo).

Tenemos entonces que muy frecuentemente los regidores municipales, incluido obviamente el Presidente municipal, deciden en sus respectivas competencias: destituir a todos o la mayoría de los funcionarios del gobierno anterior, por consigna y no por valoración de capacidad y desempeño.

Ponderando la lealtad y la confianza (manifiesta en el proceso de la campaña electoral) sobre capacidad de gestión gubernamental valorada; cambiar la agenda de la política pública municipal a contra pelo de la existente, sin valorar técnicamente resultados y pertinencia, sustentándose en la mayoría de los casos sólo en la legitimidad electoral, recientemente adquirida (que sólo en pocas ocasiones es mayor al 50%) y una ponderación de problemas y soluciones bastante intuitiva, movilizada por las emergencias.

Otra explicación del estado que guardan las realidades municipales, -y tal vez complementaría a lo anteriormente expuesto-, se deposita en el grado de institucionalidad y consolidación del Estado Mexicano. A medida que esté presente el Estado Mexicano y sus instituciones en un municipio, más fácil será gobernarlo.

(Lo deseable sería escuchar a un candidato a presidente municipal que su gestión iniciará fuerte, basada en los aspectos positivos logrados por su antecesor y con colaboradores elegidos por su capacidad, no por el simple “hacer campaña”… porque de lo demás todos sabemos el cuento, prometer no empobrece…)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *