[Lo que miro desde el surco] Erosiones

by Rodolfo González Figueroa 227

Por: Rodolfo González Figueroa

18/agosto/2017 La Ciénega, Jalisco. (LF) Es tiempo de erosiones. La erosión de suelos es proporcional a la erosión del lenguaje. La erosión social es tanta como la erosión genética. La sociedad moderna occidental y su visión de desarrollo continúan extendiendo sus patrones de comportamiento en todo territorio y con ello, aumenta exponencialmente la erosión estructural.

Décadas de revolución industrial, de mecanismos de despojo, acaparamiento y apropiación de recursos naturales, están agudizando el exterminio de otras formas de vida, de civilizaciones que resisten los embates enclavados en las montañas mientras practican, como siempre, sus formas de reproducción de la vida, de su cultura, que muy a pesar de todo, se posicionan como alternativas al desarrollo y a los patrones de producción.

En esta región recientemente declarada Área Metropolitana, tales esquemas de desarrollo erosivo se posicionan expandiendo la modernidad, la tecnificación y lo artificial, tanto de los procesos productivos, como de los modelos educativos.

Tenemos más escuelas, universidades e institutos que siguen reproduciendo el esquema de ser humano al servicio del Estado, de la trasnacional o del mercado. Tal educación casi siempre embona en los lenguajes que requiere la corporación. Los educados o adiestrados en tal o cuál disciplina, terminan desempeñándose muy precisamente en las necesidades requeridas de los gobiernos, de la economía especulativa o del capitalismo.

En tanto, los modos populares de educación, de transmisión de saberes, se reducen, se van perdiendo quedando en el olvido y muy generalmente siendo marginadas, despreciadas y juzgadas de manera despectiva por el mismo Estado, por los mismos profesionales.

La cuestión es grave, ¿Cuántos saberes locales esenciales para la vida se pierden año con año? Cada vez más la erosión profesional se impone en los territorios fértiles de sabiduría.

Ante tal cosa, las voces campesinas y rurales tienen un tesoro que compartirnos. Tienen demasiado qué aportar para reconstruir nuestra sociedad. ¿Por qué no plantear entonces un acercamiento profundo a sus actividades cotidianas y de paso, animarnos a dejar nuestro absurdo apego a lo material y nos vamos a vivir a la tierra, así, libres?

 

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