[Lo que miro desde el surco] Sentido

by Rodolfo González Figueroa 219

Por: Rodolfo González Figueroa

Un viento que no es ordinario acaricia la mirada.

La tarde cede ante la luna nueva que va conquistando la luz que la tarde desprende.

Los colores van desvaneciéndose, uniéndose todos en la negrura.

 

Con la llegada de la noche llega el misterio y las personas salen, se sumergen en la textura mística del ocaso, de la oscuridad prodigiosa y se ponen a volar.

La vida se calla un poco y comienzan los susurros nocturnos.

Las estrellas puntuales salen a vigilar el transcurso de la noche.

 

El viejo Camo, sentado sobre la hierba, enciende un cigarro y mil recuerdos.

Mira el transcurrir nocturno y le arroja humo a las estrellas.
Allá arriba, su esposa lo contempla.
Espera impaciente la llegada del humo que el viejo Camo le envía.
Es su única manera de besar la esencia de su hombre y saber que aún permanece en la vida terrestre.

 

Abajo, el viejo Camo calla.

En profundo silencio, sin prisa, aguarda a que ella, su estrellita del alma bese su aliento de humo.

Y le suplica que le corresponda si quiera, con un efímero pero intenso destello de su luz, para seguir viviendo.

El viejo Camo encontró sentido suficiente: fuma para seguir vivo.

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