Lo que miro desde el surco | Campesinos sin título aseguran futuro

in Rodolfo González Figueroa

Por: Rodolfo González Figueroa

La Ciénega, Jalisco. 10 de noviembre 2018. (Letra Fría) Las características topográficas de nuestros bellos tres municipios: El Limón, El Grullo y Autlán, representan condiciones ideales para la práctica agrícola. Un valle feraz y dos planicies atravesadas por el Río Ayuquila-Armería y el Río Tuxcacuesco con suelos de aluvión, profundos y fértiles. Los cuáles ha sido capaces de soportar por más de tres décadas un monocultivo basado en el uso de insumos químicos, fertilizantes de síntesis química junto con mecanización progresiva. Tal situación ha llevado a muchos productores a buscar alternativas de producción y, sobre todo, la posibilidad de contar con acceso a insumos orgánicos, sustentables y locales. Aunado a la demanda nacional y mundial cada vez más creciente de productos orgánicos, pero también, al incremento  progresivo de los costos de los fertilizantes químicos y los pesticidas.

Si bien, el ambiente social en la zona, como en casi todo el país es inestable y existen temporadas de zozobra, también existe una fuerte articulación del tejido social que estriba sobre todo en la agricultura como forma de vida. Tal actividad tiene dos caras. Por un lado es cierto que las políticas agropecuarias no han sido del todo favorables para el campo Mexicano en general, lo cual ha conllevado no sólo la migración de muchos jóvenes de los pueblos a las ciudades cercanas o a los Estados Unidos, también, muchos agricultores han dejado de serlo y han rentado sus tierras a la agroindustria o a personas con poder económico fuerte. Pero, por otro lado, quienes han resistido, continúan trabajando la tierra y, en el caso de los cañeros, el tener un ingenio que procesa el producto les da una certeza económica y una garantía de mercado, de venta de la cosecha.

Los productores mantienen un arraigo fuerte con la tierra y existe una reconfiguración identitaria  que permea en mayor involucramiento de los hijos de productores en las actividades agrícolas y que muchos jóvenes universitarios al graduarse estén trabajando en sus comunidades, con sus padres en algunos casos y otros emprendiendo micro-empresas (quesos, panelas, turismo ecológico, audiovisuales, huertos de traspatio, etc.).

Cada vez es mayor la conciencia ecológica que es inyectada de parte de los jóvenes a sus  padres aunque también al contrario, una fuerte revalorización del trabajo agrícola es transferida de los padres a los hijos. Esto hace que los jóvenes se quieran quedar en sus comunidades, a pesar de ciertos destellos de inseguridad y violencia, detonados por una ingeniería de conflictos que tras el velo destella fines de despojo y explotación territorial.

Por ello, es fundamental que los jóvenes no se vayan de sus comunidades, profundicen el conocimiento del trabajo agrícola, el modo de vida comunitario, rural y emprendan proyectos integrales y sustentables en sus pueblos.

De acuerdo con estudios de investigadores del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), la zona, sobre todo el Valle Grullo-Autlán-Limón presentan un alto índice de contaminación de mantos acuíferos con residuos sistémicos de pesticidas. Utilizados hace años por la empresas tomateras y ahora por el monocultivo de caña de azúcar. Sumado a la quema de la caña durante cada zafra más la creciente mecanización agrícola, hoy los suelos de la zona tienen un bajo contenido de Materia Orgánica, muchos de ellos ni siquiera llegan al 1.0 por ciento. Existe una creciente compactación y salinización  de los suelos, lo que hace que para los productores los costos de producción sigan año con año en aumento, mientras que los precios de los productos que venden en el mercado se mantienen igual.

El círculo vicioso no se ha detenido y a mayor contaminación y empobrecimiento de suelos, mayor inversión económica en insumos químicos y remedios mecánicos que no acaban por solucionar el problema de raíz; que es la necesidad de mejorar los suelos, regresarles la vida y la actividad microbiológica perdida por el abuso en el uso de pesticidas y por la ignorancia antropocentrista mercadológica.

Por ello, es que toma mayor viabilidad el trabajo y las experiencias de los productores y pequeños campesinos rurales  que enfocan su quehacer en procesos agrícolas sustentables y agroecológicos. Unos con el establecimiento de pequeñas biofábricas familiares, otros con  elaboración de compostas, unos más reproduciendo la microbología perdida en los suelos de la región, etc. Pero todos buscando bajar costos de producción, disminuyendo la emisión de gases efecto invernadero y reduciendo los riesgos de salud en la ciudadanía.

Son actores locales en contacto íntimo y estrecho con los suelos y las plantas. Son campesinos y productores sin título. Sin sueldo gubernamental llevan pasos aventajados a los académicos que apenas comienzan a diseñar e idear una nueva investigación para medir los impactos de estos desde su cubículo, desde su silla y desde su ambiente artificial. Estos productores llevan ventaja también a los nuevos representantes políticos de la zona que, testarudamente, persiguen la metropolización creyendo ilusamente que ésta será el remedio para los males sociales y ambientales de la región.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Latest from Rodolfo González Figueroa

inicio letra fria