Lo que miro desde el surco | Limpiezas

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La limpieza actualmente se yergue como enemiga de la vida, la naturaleza y la diversidad. Ni los árboles se salvan ahora, muchas personas ya no los quieren porque echan “basura”. Les gustaría entonces un árbol ornamental que no suelte hojarasca o uno de plástico porque son más “limpios”. Las impurezas se insertaron en nuestra mente. A esta última sí conviene darle una limpieza de fondo.

Por: Rodolfo González Figueroa

La Ciénega, Jalisco; 21 de junio de 2019. (Letra Fría) Según el diccionario, limpieza es la acción de limpiar la suciedad, lo superfluo o lo perjudicial de algo. Y la suciedad tiene que ver con aquello que presenta calidad de sucio, polvoriento, basuriento, con manchas e impurezas que hay en algo. Las manchas se suelen lavar, remover con el agua. A las impurezas hay que darles otra definición quizá otra categoría. Remitirla a aquella sustancia o partícula extraña o ajena a un cuerpo.

La limpieza se utiliza desde los propios cuerpos, nuestras partes íntimas y los espacios habitacionales como la cocina, los dormitorios donde eliminamos impurezas como el polvo, el tizne u otras cosas. Desde tiempos remotos nos limpiamos, nos aseamos e incluso quitamos impurezas no solo físicas sino que, además, energéticas. Limpiamos para sentirnos más cómodos.

Sin embargo, nada escapa a la suciedad, en los actuales tiempos, los conceptos puros también se ensucian y se llenan de impureza. La noción de limpieza se tergiversa y se confunde. Limpieza ahora remite a agresiones a la vida que estimulan la  uniformidad y homogenización.

Quizá Hittler comenzó con la redefinición de los conceptos queriendo “limpiar” la raza eliminando otras culturas. O Colón con su etnocidio nos heredó la manía de limpiar hasta conquistar y dominar. ¿Limpieza o dominio? ¿Suciedad o diversidad?

Aquí algunas formas en que se percibe la limpieza. Una limpieza que apremia redefinir y reconceptualizar:

Las universidades nos “limpian” los saberes populares y nos ordenan con exclusivamente conocimiento científico.

Monsanto “limpia” con sus genes de patente todas las variedades de germoplasma nativo.

Los agricultores “más limpios” se consideran a aquellos que rinden pleitesía al monocultivo que no deja que germine ninguna hierba.

La agroindustria de invernadero, tóxica por inherencia, supera el concepto de limpieza y es inocua. La cúspide del orden militar en la producción de alimentos.

Las señoras barren sus patios y lo dejan “limpios”, sin ninguna hojarasca, sin ningún zacate. Las calles más “limpias” son las que tienen herbicida. Patio limpio, le dicen a los patios sin hierbas, sin gallinas, sin vida.

En los bosques, los aguacateros antes de establecer su ecocida sistema productivo, primero “limpian” el área.

Los amantes de las máquinas le llaman limpiar los arroyos a la maniaca acción de romper con las estructuras de sus cauces y destrozar los microecosistemas para que el agua cuando corra haga eso precisamente, correr.

-“Don Luis está limpiando el coamil”. -“Alfredo está limpiando la parcela” Se suele decir cuando las personas le prenden fuego a toda la materia orgánica que sería la responsable de la fertilidad y de la  infiltración si no la quemaran.

La limpieza y el orden contra la diversidad de la naturaleza.

Milpa limpia, le dicen a las parcelas sembradas con semillas de corporaciones donde nada más crece. Mientras que, al campesino con su milpa diversa donde todo crece y florea lo tachan de flojo y sucio.

Los cañeros más limpios, se consideran a aquellos que, en su contorno de parcela, tienen el suelo desnudo, compactado, sin cercos vicos y con postes de concreto.

Y en ese sentido, se cree todavía que los mercados municipales están sucios y que son mejores las frutas y verduras de Soriana porque ahí sí está limpio.

Ni los árboles se salvan ahora, muchas personas ya no los quieren porque echan “basura”. Les gustaría entonces un árbol ornamental que no suelte hojarasca o uno de plástico porque son más “limpios”.

La limpieza actualmente se yergue como enemiga de la vida, la naturaleza y la diversidad. Es momento de detener esa concepción y posicionar la mugre, la “suciedad” como aliados viables para rescatar el medio ambiente, los hábitats, los ecosistemas.

En los “limpios” hospitales es donde más gente se enferma. Mientras que, en estas primeras lluvias, corren los arroyos todos “sucios” con agua “chocolatosa” y los infantes salen regocijados a bañarse, para de un salpicón, curarse del aburrimiento.

Las impurezas se insertaron en nuestra mente. A esta última sí conviene darle una limpieza de fondo.

MA

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