Opinión | Sonrisas

in PlumasLF

Por: Guillermo Tovar Vázquez

Autlán de Navarro, Jalisco (18 de junio 2018) No recuerdo bien si fue un sueño o en realidad pasó. Una tarde, mientras circulaba por una calle de Autlán en la que indebidamente había automóviles estacionados en ambos lados, tuve una extraña visión: de repente, los rostros de los candidatos a diferentes cargos de elección popular, cuyas sonrientes caras tapizaban los vidrios traseros de los mencionados vehículos, parecían observarme mientras seguían el movimiento de mi coche, a la manera de los personajes de los famosos murales de José Clemente Orozco que están en el Instituto Cultural Cabañas. La extraña sensación, aunque duró solamente unos segundos, me dejó todo el resto de la tarde practicando el inútil pero entretenido ejercicio de reflexionar sobre la imagen de los políticos cuando buscan el voto y después de haber conseguido el puesto que querían.

Cuando el político busca el voto (la prenda más valiosa que poseemos la mayoría de quienes cabemos en la categoría de público en general, esa fosa común de la personalidad) casi siempre se esfuerza, apoyado en publicistas profesionales, en ofrecer una imagen afable, cercana al votante y que lo haga crear confianza y empatía hacia él. La herramienta más útil y sencilla para conseguir esto es una espléndida y cuidada sonrisa. Por eso, podemos ver que en la publicidad electoral se le da una importancia extrema al rostro sonriente del candidato (podrá no aparecer el logo de su partido, pero siempre estará su sonrisa), inmediatamente antes de la mención de sus infinitas cualidades, como la honestidad, laboriosidad y otras, y muy por encima de sus propuestas de trabajo, cuando las tiene. Sonrisas francas, sonrisas enigmáticas como de Mona Lisa, sonrisas torcidas, sonrisas infantiles, sonrisas que recuerdan a personajes cómicos, todas son buenas y buscan causar los mismos efectos.

Pero no es raro que el afortunado aspirante que obtuvo el cargo para el que mandó hacer su sonriente publicidad cambie su imagen apenas toma posesión. Entonces, el otrora afable y risueño candidato suele trocarse en adusto y regañón funcionario, con imagen paternal, hipersensible a las críticas y que establece una sana distancia psicológica con los antiguos votantes.

En ese momento comienzan a escasear las sonrisas que tan útiles fueron durante la campaña.

Columna publicada en la versión impresa de mayo, página ocho. #ApoyaElPeriodismoRegional

Originaria de Martínez de la Torre, Veracruz. Radica en Autlán de Navarro. Licenciada en Derecho por el Centro Universitario de la Costa Sur de la Universidad de Guadalajara. Reportera desde hace doce años en medios locales y estatales. En Letra Fría funge como Directora Editorial.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Latest from PlumasLF

inicio letra fria