Realidad Alterna | ¿Y qué hay de la convicción política?

in Columnas y Opinión/Lourdes Cano Vázquez

Nos encontramos ante campañas electorales frívolas, que buscan el resultado de alto impacto, no apelan al razonamiento del elector, sino a sus vísceras. Esto es, un día decir que hay que legalizar las drogas, otro día que bajarán el precio de la gasolina (ojo, quien les diga eso les miente, el precio no lo impone el presidente, es el mercado), después proponer amnistía al crimen o prometer trabajo y acceso a la educación superior a todos.

Si votáramos por el México que deseamos, estaríamos ante un escenario ficticio, improbable, imposible; porque lo que queremos es vivir como Noruega, pero nos molesta pagar impuestos (la recaudación fiscal en México es en realidad baja) y además nos gustan mucho los programas sociales, esos que representan un pasivo económico. Apostamos a una varita mágica que nos promete acabar con la corrupción, y no nos queremos dar cuenta que la corrupción acaba cuando queramos que termine, empezando por nosotros.

Y eso lo saben nuestros candidatos en este 2018, por eso no se detienen a proponer cuestiones de fondo,  dan discursos estruendosos que captan el voto impulsivo, ganar por ganar sin importar cómo, si una vez estuviste en el PRI, luego en el PRD para después formar tu propio partido como López Obrador, sin importar que representes a la derecha y te alíes con la izquierda como Anaya, o que nunca hayas militado en un partido pero ahora grites con una euforia poco creíble consignas priístas como José Antonio Meade.

Hoy en campaña, hay aliados que alguna vez fueron acérrimos rivales, se levantan las manos en señal de victoria cuando antes ya se habían intercambiado algunos insultos, representaban y defendían cosas radicalmente distintas, pero parece que hoy tienen todo en común; aunque lo único en que convergen es en la ambición por ganar.

Nadie defiende una postura, nada sobre aborto, matrimonios igualitarios o minorías; por el miedo a perder votos, no definen pues una ideología, sin embargo yo les puedo decir que todos son de derecha, aunque no quieran dejarlo en evidencia.

El mismo patrón se replica a nivel local, los candidatos que un día militaron en un partido, renuncian fácilmente para unirse a otro y tres años después a otro, cambian de color como de ropa, en alianzas impensables, no saben a ciencia cierta cuáles son los estatutos que defienden, imposible entonces esperar lealtad o congruencia de su parte. Dónde queda entonces la convicción política y por qué ha quedado en desuso, siendo tan indispensable para una democracia representativa como la nuestra.

*El contenido de esta columna representa la opinión del autor y no necesariamente la de Letra Fría*

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