Realidad Alterna | La morgue intinerante, insensible al dolor

in Lourdes Cano Vázquez

Por: Lourdes Cano Vázquez

Guadalajara, Jalisco. 20 de septiembre 2018. (Letra Fría) Son personas las que están ahí; hijos, padres de familia, pero para las autoridades son un problema, un estorbo. El Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses es insuficiente ante la violencia que masacra nuestro Estado, tiene capacidad para resguardar 72 cadáveres, pero el crimen organizado mata por miles; así es que ¿cuál es la solución aparente? Pues una morgue ambulante que carga con cientos de cuerpos y peregrina por toda la ciudad cargando víctimas como si fueran cosas.

Qué vergonzosa la actitud de las autoridades aventándose la culpa unos a otros, acusándose de negligentes cuando en realidad todos se desentendieron del tema, como si de quitarse el polvo de una manga se tratara; de lo que estamos hablando es de restos humanos que aún después de muertos, merecen ser tratados con respeto y dignidad.

Del otro lado hay cientos de familias hundidas en la zozobra, desesperadas por encontrar al hijo que no volvió, al padre de sus hijos; buscan lo que sea, una prenda, un tatuaje, un lunar, un rostro que aun pueda ser reconocido; no descansan desde que ellos desaparecieron, muchas de esas familias recorren terrenos escabrosos con herramientas improvisadas, tratando de localizar ese olor fétido de una fosa clandestina que los pueda llevar a sus seres queridos.

A esas familias ya no les importa si los encuentran muertos, les importa tener la certeza, tener un cuerpo que enterrar y visitar; mientras tanto aquí están a la espera de ser reclamados aproximadamente 500 cadáveres que no caben en ningún lado, que son de alguien que no sabe que están ahí, que probablemente, nunca regresen con los suyos.

Esa es la insensibilidad a la que hemos llegado porque la violencia ya nos parece normal, porque nos acostumbraron a pensar que todos ellos que amanecieron maniatados y con el tiro de gracia en un terreno baldío pertenecen al crimen organizado y por eso los mataron, es más fácil criminalizarlos que reconocerlos; es como pensar que merecen ese destino fatal en una fosa clandestina, en la fosa común de algún panteón o en un tráiler refrigerado que se mueve sin sentido.

El culpable no es sólo el titular del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, es la ineptitud de todos los que intervienen en el proceso de una víctima del crimen organizado, desde el legislador que creó una Ley que no permite incinerar cuerpos asesinados con violencia, sin considerar la creación de una estructura para mantenerlos, hasta el gobernador que solo atinó a lavarse las manos de algo de lo que es el principal responsable.

Ojalá nunca tengan que padecer el dolor de tener un familiar desaparecido y después enterarse de que estuvo vagando en un camión refrigerado como un pedazo de carne, para que se pongan a trabajar y tengan el debido respeto a las víctimas.

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