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San Gabriel y la Guerra Cristera

José de Jesús Guzmán Mora, cronista de San Gabriel, en su Columna Desde el Llano rulfiano, nos cuenta cómo se fue gestando la Guerra Cristera iniciada en 1926 y algunos protagonistas del municipio gabrielense y la región.

Pbro. Enrique Ochoa Díaz-Santana, de pie, a la izquierda, en su refugio, con otros cristeros. Foto cortesía.

Aún no concluía del todo la etapa de la Revolución Mexicana iniciada en 1910, cuando nuevamente se presentó en el panorama social y político de nuestro país un nuevo enfrentamiento: La Guerra Cristera.

Múltiples son las causas que hicieron de la llamada Cristiada una lucha fratricida, cruel, sin cuartel; en ese contexto histórico, Jalisco ofrendó la vida de muchos de sus mejores hombres en una batalla desigual, que libró la población civil, fundamentalmente la rural, contra un ejército conformado por elementos del mismo pueblo. Nuevamente un doloroso enfrentamiento entre mexicanos. La crisis imperó en todos los campos, incluyendo la economía; sin la crisis no se entiende la violencia del enfrentamiento.

En el año de 1926 las hostilidades entre la Iglesia y el Estado llegaron a un punto de ruptura. El enfrentamiento pospuesto desde las Leyes de Reforma llevó, en esos años de luchas intestinas postrevolucionarias, a una de las rebeliones más controvertidas de la historia de México.

La resistencia católica

La Guerra Cristera fue un conflicto en el que la resistencia católica luchó por la libertad religiosa frente a las restricciones impuestas por el Gobierno Mexicano, lo que generó una lucha intensa entre los cristeros y el ejército federal. El conflicto religioso no solo fue una confrontación física, sino también un símbolo de la batalla espiritual que los creyentes enfrentaban para proteger sus derechos fundamentales. Inició en 1926 y concluyó en 1929.

 Concluyó con los Arreglos de 1929, que aunque restauraron parcialmente la libertad religiosa, el impacto de la guerra y la represión siguieron presentes en la vida social y política de México. Muchos mártires fueron canonizados, entre ellos, figuras como el joven San José Sánchez del Río, que murió a manos del ejército federal, convirtiéndose en símbolo de la valentía de los cristeros.

La historia de La Cristiada es un recordatorio de los sacrificios realizados en nombre de la fe y la libertad, además de los retos que enfrentaron aquellos que defendieron su creencia ante la opresión.

San Gabriel

En San Gabriel, el 2 de agosto de 1926 por órdenes del Procurador General de la Nación, trasmitidas mediante el señor Mariano Morett Villa, Agente Federal de Hacienda en esta ciudad, el Juez de Primera Instancia local don Enrique Luna, se procedió a la clausura de anexos propiedad de los templos; los de la Parroquia fueron sellados el día 2, los del Santuario el día 3, y los de la Sangre de Cristo, el mismo día.

Entre 1926 y 1929, durante la Guerra Cristera, los militares se apoderaron de los templos de San Gabriel, en la parroquia improvisaron su cuartel general.

Hablar y escribir sobre el tema de la Guerra Cristera, no es nada sencillo, ya que muchos de sus protagonistas se negaron a compartir sus vivencias con el argumento de que “… habían prometido no decir nada”; tal es el caso de don José Chávez, originario del antiguo pueblo de Jiquilpan, Jalisco, quien, de apariencia humilde con su camisa y calzón de manta, ceñidor, paliacate rojo y huaraches de cuero, contestaba siempre a las cuestiones con un rotundo no; así con ese hermetismo falleció en 1997, cumpliendo su  promesa y llevándose a la tumba lo que podría haber sido un extraordinario testimonio histórico sobre el tema en cuestión, abonando así a la historia local y regional.

Al cuestionarle a quién había jurado no decir nada, contestaba simplemente: “a mis superiores”, o “a mi general”. 

Nicho

Otros personajes de origen gabrielense que tuvieron participación directa en la revuelta fueron el joven Dionicio Eduardo Ochoa Díaz-Santana y su hermano el Presbítero Enrique de Jesús, de los mismos apellidos.

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Dionicio E. Ochoa Díaz S., foto cortesía

Dionicio Eduardo o Nicho como lo llamaban simplemente, fue el Jefe de los cristeros del Volcán de Colima; en tanto que su hermano, se desempeñó como capellán del mismo grupo de valientes que comandaba Nicho.

Esa participación del Padre Ochoa Díaz-Santana, bajo el pseudónimo de Spectator, dio como fruto la publicación de dos volúmenes: Los Cristeros del Volcán de Colima, en donde cuenta todos los pormenores de esa guerra.

Protagonistas

Un protagonista más de la región Sur de Jalisco, fue el Padre José Verduzco Bejarano, originario de una comunidad perteneciente a Zapotitlán de Vadillo, hombre que tomó las armas y participó en varios combates, alcanzó el grado de Coronel, participando en el segundo regimiento de la División de Colima y Sur de Jalisco.

El más destacado de los  gabrielenses que tomó las armas en nombre de la fe y de los creyentes fue don Emanuel Michel Zamora, conocido como Manuel C. Michel, quien alcanzó el grado de General, estableciendo su cuartel en Zapotitlán de Vadillo; en Colima, en Chachahuatlán, en el Cerro de Villa, es decir, en varios lugares para no ser un blanco fijo.

La región Sur de Jalisco, tuvo en su haber varios hombres y mujeres valientes que defendieron sus valores y creencias religiosas al grito de Viva Cristo Rey y empuñaron las armas para demostrar que, unidos es posible enfrentar una lucha que duró tres años en su primera etapa, hasta que la cúpula de la Iglesia firmó con el Gobierno Federal Los Arreglos mismos que no dejaron satisfecho a nadie.

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Reunión de jefes cristeros y la Liga, 15 de agosto de 1929, General Manuel C. Michel, (sentado al centro), Rafael Ceniceros Villareal, Manuel Palomar Vizcarra, Coronel Ángel Castillo, General José Posadas Ortiz, José Degollado Guízar, José Rebollo Galarza, otros. Foto en La Cristiada de Jean Meyer, Clío, 1999.

Han pasado cerca de cien años del inicio de aquella lucha fratricida, en la que murieron muchos hombres inocentes, sacerdotes entregados, mujeres arriesgadas, soldados al servicio del gobierno; como resultado de aquella lucha armada, hoy día se venera en muchas iglesias a los Mártires de la Guerra Cristera que han sido elevados a los altares; los más, han sido olvidados porque sus nombres quedaron en el anonimato, sus tumbas se perdieron en el territorio jalisciense, sus familiares nunca más los volvieron a abrazar y ni siquiera les prodigaron un adiós o el último puño de tierra.

Referencias:

Guzmán Mora, José de Jesús. La Guerra Cristera en la Región del Llano en llamas, 2025; inédito.

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Profesor, músico y cronista municipal, originario de San Gabriel, Jalisco.

El 1° de septiembre de 1994, recibió el nombramiento de “Cronista de la ciudad”, de manos de la autoridad municipal.

Es miembro Cofundador de la Asociación de Cronistas Municipales del Estado de Jalisco, A. C., desde el 19 de octubre de 1996.

Primer cronista vitalicio de San Gabriel, desde el 28 de julio de 2010.

En noviembre de 2011 se integró a la Asociación de Cronistas Municipales del Occidente de México, formada por Jalisco, Colima, Michoacán y Nayarit.

Con treinta y cinco años de servicio en el magisterio estatal en primaria y secundaria, es maestro jubilado desde el 1° de junio de 2011.

Ingresó como consocio a la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, Capítulo Sur, el 15 de octubre de 2016 con el tema: “La hacienda de Nuestra Señora de Guadalupe del Salto del Agua”.

De 2009 a 2021 fue el responsable del Archivo Histórico Municipal de San Gabriel, Jalisco.

Ha publicado una treintena de libros con temas históricos, genealógicos y monográficos. Ha participado en la prensa jalisciense, en revistas locales y en programas de radio y televisión estatal, nacional y del extranjero.

Correo: [email protected]

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