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El pan envenado

Carlos Efrén Rangel nos habla de la gran cantidad de información falsa que fluyó por canales digitales durante los hechos v10lent0s de la semana pasada en Autlán y la región.

Freepik

Si vives en Autlán, estoy seguro de que te llegó una foto que mostraba en llamas la escultura de la guitarra monumental, autoría del artista Hiram Villaseñor y que está en la primera glorieta de ingreso a la ciudad. También hay un alto grado de posibilidades de que, en los grupos de Facebook más populares, hayas leído sobre supuestos atentados, hechos violentos y amenazas que el tiempo confirmó falsos.

No han pasado suficientes días para procesar tanto terror. Pero sí los necesarios como para enfocarse en un aspecto específico, y en mi caso fue el río de información que fluyó por canales digitales en las horas aciagas de la semana pasada. El entrañable Rubén Darío Restrepo, referente mundial de la ética periodística, decía que en épocas de crisis la información es tan necesaria como el pan. La semana pasada comimos pan podrido.

Fue una muestra poco representativa, aunque de alcance exploratorio, pero en mi cuenta de Facebook propuse el ejercicio de identificar la motivación para promover noticias alarmantes, distinguiendo entre el dolo y la ingenuidad. Básicamente hubo un empate y, en comentarios se dejó claro: había quien lo hacía con dolo y otros por mera ingenuidad, por pensar que no había consecuencias, aunque todos coincidían en que igual se produce daño.

No hay neutralidad en la comunicación de noticias falsas y, en la decisión de difundirlas creo que intervienen varios factores. El primero es que el mundo digital sigue en construcción como un espacio habitable, regulado más por las normas del mercado y menos por las de la civilidad. Persiste en muchas personas la idea de que lo digital no trasciende al espacio físico: por eso, ahí y desde el anonimato, es más sencillo burlar las consecuencias. Internet se asume como una tierra sin ley y sin moral, donde se fraguan algunos de los actos más crueles, aunque también es el espacio donde se convive, se aprende y se produce.

Otro factor son dos fallas que, paradójicamente, representan un camino posible para mejorar el panorama. El primero: es probable que quienes mandaron la foto de la guitarra en llamas estuvieran seguros de hacer el bien; alertar a otros del riesgo nos ha salvado desde que el mundo es mundo. Sin embargo, falló el filtro moral que obvió la reflexión sobre las consecuencias en los demás, porque este mensaje no protegió; por el contrario, potenció el miedo y desorganizó respuestas.

El otro filtro es una renuncia al juicio. No se trata exclusivamente de una falla moral; también es cognitiva. Durante muchos años, los esfuerzos educativos se volcaron en resolver la ausencia de información, mientras que esta época reclama fortalecer las estructuras cognitivas que permitan confirmar la aguja de la verdad en medio de un pajar de mentiras.

Algunos periodistas profesionales, como Letra Fría desde el propio territorio, hicieron valer la naturaleza del oficio informando no solo con velocidad, sino también con certeza, lo que incluye prácticas incómodas como matizar mensajes. Que no nos falten nunca. Pero que tampoco nos falten los maestros que, en las aulas, nos enseñen que, si bien podemos ser más amables con los ingenuos que con los dolosos, ambos producen mucho daño, ambos cocinan pan envenenado.

pan

Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Educación Básica.

Actualmente es profesor de español en secundaria y de Maestría en la Unidad 143 de la UPN. Desde los 17 años ejerció como reportero y comunicador en radiodifusoras y periódicos locales en Autlán. Aficionado práctico de la literatura, la crónica taurina y las columnas de opinión.

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