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El poder de incomodar

Carlos Efrén Rangel encuentra similitudes entre Yoko Ono y a John Lennon metidos en la cama para protestar por la guerra en Vietnam y el espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny, ambos convertidos en dispositivo político. ¿Tú qué opinas?

Especial

Una puesta en escena fue protagonizada por un referente mundial de la música. Fue un performance pensado más como un acto político en el corazón del origen de la acción que criticó y menos como actuación artística o musical. El acto tuvo toda la intención de incomodar a la retórica conservadora nacionalista, encarnada en la corriente a cargo del gobierno de Estados Unidos, que apuntó los cañones con argumentos en apariencia irrebatibles: canta horrible, no se le entiende, vive de lo que critica, no es congruente.

No puedo estar más de acuerdo con la apreciación sobre lo feo que canta, pero tampoco puedo despreciar lo poderoso del gesto. No, todavía no estoy hablando de Bad Bunny en su actuación del medio tiempo del Super Bowl. Estoy recordando a Yoko Ono y a John Lennon, metidos en la cama para protestar por la guerra en Vietnam.

Ha pasado poco más de una semana desde que Benito Antonio Martínez Ocasio tomó por asalto la agenda de discusión pública con un espectáculo de medio tiempo en el partido más importante del fútbol americano, para reivindicar el papel socialmente relevante de la comunidad latina y reclamar por el trato que criminaliza con base en razones raciales, una postura que, por increíble que parezca, también goza de adeptos entre la población objeto del menosprecio. Fueron esas expresiones que condenaron a Bad Bunny las que me recordaron al “Bed-In for Peace” de Yoko y Lennon.

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Foto: Keystone/Hulton Archivo/Getty Images

El contexto

Va un poco de contexto: de mayo a junio de 1969, John Lennon, integrante de The Beatles, y la artista plástica Yoko Ono convirtieron su luna de miel en una protesta política. Primero en Ámsterdam y luego en Montreal, se metieron en una cama vestidos de blanco con el mensaje de que había que hacer el amor y no la guerra. Convocaron a decenas de fotógrafos y reporteros de televisión que los mostraron cantando, conviviendo y enviando un mensaje poderoso: la oposición a la guerra de Vietnam.

El acto fue objeto de numerosas críticas: superficial, intrascendente, hipócrita, falto de talento, dijeron los sectores que se sintieron aludidos. Pero el mismo hecho ha trascendido por su poder simbólico a lo largo de la historia. De esa cama surgió el himno musical al pacifismo: “Give Peace a Chance”. Además, la protesta pacífica, cargada de elementos simbólicos y difundida por personajes de relevancia mundial, visibilizó un mensaje sobre una visión politizada del mundo: la que aspira a un escenario de entendimiento y respeto entre las distintas formas de ser.

Similitudes

Encuentro numerosas similitudes entre la encamada de Yoko y Lennon y el espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny, ambos convertidos en dispositivo político, tanto en los argumentos para condenarlos, como en las grandes expectativas de su poder de transformación. Ambos se trataron de una puesta en escena cargada de elementos simbólicos para mostrar con nitidez un mensaje reivindicador de la paz y la dignidad humana por encima de la agenda dominante, que está construida con acciones violentas y una retórica que las justifica.

Ni Yoko, ni Lennon, ni Benito tendrán por sí mismos la posibilidad de transformar, entre otras cosas porque no es la función que desempeñan: el suyo es un mensaje para incomodar, y la incomodidad es una condición que precede al cambio.  

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Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Educación Básica.

Actualmente es profesor de español en secundaria y de Maestría en la Unidad 143 de la UPN. Desde los 17 años ejerció como reportero y comunicador en radiodifusoras y periódicos locales en Autlán. Aficionado práctico de la literatura, la crónica taurina y las columnas de opinión.

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