Autlán de Navarro, Jalisco.— Durante la madrugada del 2 de abril, en el espacio público que simboliza la identidad de la ciudad, apareció una intervención que convirtió el duelo en un mensaje colectivo.
Una bandera de México con pintura roja —en alusión a la sangre— y morada fue colocada en las letras turísticas de “Autlán”, ubicadas en la plaza cívica «Marcelino García Barragán». Sobre la tela se leía una sola exigencia: Justicia, acompañada del símbolo feminista y el nombre de Kitzia.
La acción fue realizada por feministas no identificadas como una forma de protesta y de visibilización tras el feminicidio de la joven Kitzia Citlalli Montes Sandoval de 29 años, cuyo cuerpo fue localizado el pasado 31 de marzo de 2026 a las 9:30 de la mañana en las inmediaciones de la carretera Autlán–Villa de Purificación.
Un espacio simbólico intervenido
La elección del lugar no es menor.
Las letras turísticas, pintadas en rojo y morado, ubicadas en uno de los puntos más representativos del municipio, forman parte de la imagen pública de Autlán.
Ahí, la bandera fue amarrada con dos lazos a la letra “u”, integrándose al paisaje cotidiano pero alterando su significado: de un símbolo de identidad, a un recordatorio visible de la violencia que atraviesa a la comunidad.
La protesta como mensaje
Sin firmas ni consignas adicionales, la intervención se sostiene en elementos visuales que condensan una exigencia clara: justicia.
El uso de la bandera nacional resignificada con pintura roja, así como la incorporación del símbolo feminista, colocan el acto dentro de una narrativa de denuncia frente a la violencia contra las mujeres y la exigencia de respuestas institucionales.
Visibilizar para no normalizar
Este tipo de acciones forman parte de las expresiones sociales que buscan mantener el tema en el espacio público, evitando que los casos se diluyan en el paso de los días.
En un contexto donde el feminicidio de Kitzia Montes ha generado pronunciamientos de colectivos y actores sociales, la intervención en las letras de Autlán se suma como un acto simbólico que interpela a la comunidad.
No se trata solo de un mensaje colocado en un espacio público, sino de una forma de señalar que la violencia no puede ser invisible ni asumirse como parte de la normalidad.




