La Sierra Mixe de Oaxaca es un laberinto. Sus carreteras son serpientes extendidas en la niebla, corredores de aceras de piedra blanca y hierbas crecidas. Sus comunidades son como países minúsculos, intrincados, clavados en el bosque húmedo con gobiernos propios, elegidos en
–¿Tienes miedo? ¿Tienes miedo? –me pregunta insistente Ismael, un niño de 8 años que está a mi izquierda junto a otras 30 personas alrededor de un círculo de flores.



