Vivo el laicismo a plenitud, lo entiendo no como una ausencia total de la fe, sino como la necesidad de reservar espacios en donde la acción debe estar libre de la vena religiosa, un ejemplo es mi salón de clases. Pero el laicismo no me impide abrevar en las lecciones que nacen de narrativas de fe; en ese sentido, esta semana comienza mi temporada favorita del calendario litúrgico.
Mis referencias del tema se han nutrido de lecturas y diálogos con religiosos y laicos, que me han ayudado a darle a la pascua dos significados determinantes, mismos que hoy quisiera compartir con ustedes.
El primero de ellos es una historia que demanda interpretarse. La pascua es una tradición judía que conmemora la liberación del pueblo hebreo, esclavizado por los egipcios, ahí Moisés encabezó un movimiento de emancipación y de liberación, al que tenemos que desprender de los detalles mágicos en que el Mar Rojo se parte en dos, y se castiga a los faraones con ríos pestilentes y la muerte del primogénito, para acercarse más a la conciencia de la opresión y a la acción transformadora y liberadora.
¿De qué faraones necesitamos liberarnos? Pues la primera acepción de la pascua es la historia de un pueblo que vence a la esclavitud. Ahí les encargo.
De la semilla de la liberación germina el segundo significado, que tiene que ver con la tradición cristiana, en la que la pascua coincide con la pasión y sobre todo con la resurrección de Jesús. Entonces la pascua además de liberación significa el triunfo de la vida sobre la muerte, un hecho que abona a la paz. Esto último es infinitamente relevante, porque la pascua construye la paz a partir de la reconciliación, de la interrupción del ciclo de la violencia.
Jesús no volvió a la vida a ser el mismo, regresó transformado, no clamó venganza, sino que abonó a la construcción de comunidades que vivieran en paz, en este caso no es impunidad, es justicia. Caben de nuevo un par de pregunta: ¿con qué debemos reconciliarnos para cortar el ciclo de la violencia y alcanzar la justicia? ¿En qué nos tenemos que convertir para personificar una vida nueva?
Cuando a mis lectores les deseo felices pascuas, no remito exclusivamente a la narrativa religiosa, ni a que hallen huevos coloridos en el jardín. Les deseo encontremos una forma de educar y de convivir en que podamos visualizar la opresión, en que también favorezcamos la acción colectiva y en donde tengamos la puerta abierta a recomenzar vidas nuevas más libres.
Cuando les deseo felices pascuas, les deseo que encuentren actos transformadores que les permitan actuar con mayor libertad, que encuentren aliento en el camino, pero que no dejen de andar.
Les deseo a todas y todos, felices pascuas. Esas pascuas en concreto.





