Autlán de Navarro, Jalisco.— La violencia volvió a tocar a Autlán. El feminicidio de Kitzia Citlalli Montes Sandoval, de 29 años, no solo dejó un vacío en su entorno cercano; también encendió una nueva exigencia colectiva: no acostumbrarse, no callar, no normalizar.
La mañana del 31 de marzo de 2026, alrededor de las 9:30 horas, su cuerpo fue localizado en las inmediaciones de la carretera Autlán–Villa de Purificación, en el predio conocido como “Las Nueces”. El caso es investigado por la Fiscalía del Estado.
Pero más allá de la investigación, el hecho ha generado una respuesta social que insiste en algo fundamental: cada feminicidio interpela a toda la comunidad.
En Autlán, una voz colectiva frente al silencio
Desde esa premisa, el colectivo Autlán Violeta difundió un posicionamiento que parte del dolor, pero también de la urgencia de no ser indiferentes.
“Hoy en Autlán nos duele una más”, expresaron.
El mensaje no se queda en la denuncia del hecho, sino que advierte sobre una realidad que persiste y que, desde su perspectiva, no puede reducirse a un caso aislado.
“No es un caso aislado, es una realidad que sigue arrebatándonos vidas”.
Nombrar la violencia para no normalizarla
El pronunciamiento coloca en el centro una idea clave: la violencia feminicida no debe diluirse en la cotidianidad ni perder su gravedad en el discurso público.
En ese sentido, el colectivo subraya que nombrar lo ocurrido —como feminicidio— es también una forma de resistencia frente a la normalización.
“No podemos permitir que esto se vuelva parte de lo cotidiano”.
Justicia que no llegue tarde
Autlán Violeta también dirigió su exigencia hacia las autoridades, señalando la necesidad de respuestas claras, oportunas y con enfoque de género.
“Queremos justicia, no silencio”.
La exigencia apunta a que las investigaciones no solo avancen, sino que lo hagan bajo criterios que reconozcan la violencia específica contra las mujeres y eviten la impunidad.
Acompañamiento y memoria
El posicionamiento incluye un mensaje directo a la familia y entorno cercano de Kitzia, en el que el colectivo expresa solidaridad y acompañamiento.
“A su familia y seres queridos: no están solos”.
Al mismo tiempo, la voz colectiva se amplía más allá de un solo caso, conectando con una demanda histórica de los movimientos feministas.
“Alzamos la voz por ella y por todas. Ni una más”.




