Y después, vino una aseveración surgida de la práctica encarnada de coraje y dignidad: “nosotros no nos dedicamos a las matemáticas ni a hacer cuentas, nos dedicamos a trabajar con la tierra”, dijo mi padre, Rodolfo, en ese mismo año.
Fue un encuentro nutrido, diverso, ameno, con resultados positivos y la presencia de la mayoría de los campesinos que hace 24 años fundaron la RASA.



