En esta ocasión me atreví a romper con la directriz de este espacio al evocar en otro idioma el título de esta columna. El hecho es que hay un paralelismo entre la serie documental de Michael Jordan y la fiesta brava en Guadalajara, y concretamente con la temporada de aniversario que está por iniciar este domingo en la Plaza de Toros “Nuevo Progreso”.
El cartel está bien rematado en cuanto a figuras. Sergio Flores, el español Juan Ortega y Héctor Gutiérrez. Todos con una personalidad distinta y los dos últimos con triunfos recientes en el coso tapatío. Si hablamos del encierro, nos remontamos otra vez a lo mismo; lo de siempre y lo que piden los matadores. Ahí podemos tener un debate serio e incluso más argumentos en contra que a favor.
Queda otro asunto en el aire y del cual me había privado de escribir. ¿Cuánto tiempo más veremos toros en Guadalajara? La fiesta ha resistido las embestidas de una creciente ola de manifestaciones antitaurinas, que, sin fundamento, más que la “supuesta” crueldad animal, enarbolan una causa que está comprobada es más política que una convicción activista.
Ya a finales del 2023 vivimos una suspensión provisional que nos privó de todo el año antepasado de festejos taurinos en la ciudad. La empresa salió avante mediante procesos legales y legítimos y dio un verdadero golpe en la mesa, que no hizo más que irritar a las clases políticas y animalistas, mismas que hoy caminan de la mano bajo ciertos intereses.
Llegó a los pocos meses la suspensión definitiva en la Plaza México y con esto el fin de una tradición de casi 80 años en la capital del país. Hoy, en la plaza más grande del mundo no hay corridas de toros y no sólo esto, ni siquiera hay un vago recuerdo en las inmediaciones de la expresión artística que se desprende la tauromaquia: Clara Brugada mandó cambiar el logotipo representado por un toro en la estación del Metro “Ciudad de los Deportes” por algunas figuras elípticas que osan representar al coso.
Como verá, nunca hubo acuerdo ni diálogo. Siempre fue una persecución y todo se realizó bajo la coacción de ciertos criterios que son siempre los que imperan. O, ¿acaso usted escuchó alguna vez hablar a un ganadero o a un matador en un foro público del tema? La respuesta es no, porque están siendo silenciados. Yo lo viví en alguna ocasión en cierta gaceta universitaria me prohibieron escribir de toros.
Queda pues la duda. Con todo este escenario caótico, ¿será esta la última temporada taurina en Guadalajara? ¿Llegaremos al final de este sexenio sin algún amparo prohibicionista? Sólo el tiempo y las circunstancias lo dirán y ojalá y esta temporada no sea como aquella de los Toros de Chicago de 1998, en la que premeditadamente el coach Phil Jackson bautizó como “The last dance”.





