Cocinar la comida preferida, disfrutar la sonrisa de sus nietos, retomar su cotidianidad en el comercio, en el campo, pastorear sus borregos o recorrer todo los días los caminos estrechos de la sierra oaxaqueña, así es como sobreviven a la ausencia de
“Ya sabíamos que las presiones humanas afectaban a los animales, al punto de llegar a causar la extinción de especies. Pero hay otros temas igual de preocupantes, como cambios en su comportamiento y modificaciones en sus patrones diarios de actividad”, explica Pablo
Todos los viernes a las 7:30 de la mañana, María Isabel Aguilar vende sus productos orgánicos en un mercado artesanal de Totonicapán, ciudad situada en el altiplano occidental de Guatemala. Presentados sobre una manta multicolor tejida a mano, sus brócolis, coles, papas y frutas



