José Amador Toscano es un artista. Por si el nombre no le suena, es el escultor responsable de elaborar las esculturas de los carros alegóricos del desfile del carnaval. Lo ha sido desde hace muchos años. En la edición 2026 recurrió a la mitología griega y los carros que transportaron a la reina y la princesa, además de las candidatas, nos recordaron narraciones que son una de las primeras formas de educación, pues sirvieron para explicar fenómenos complejos y promover valores favorecedores de la convivencia y el desarrollo.
Amador reconstruyó el rapto de dos mujeres. Karla Alvarado, candidata de Choferes, remitió a Helena, secuestrada por París, hecho que llevó a su esposo Menelao a emprender una guerra sangrienta en la que los ejércitos aqueos vencieron a Troya. Según la mitología, el origen de tantas muertes fue un deseo individual: Helena era considerada la mujer más bella del mundo y París la deseó tanto que la secuestró, lo que llevó a su pueblo a la guerra y, con ello, a la derrota.
La candidata de Pollos, Fernanda Sánchez, representó otro rapto mitológico. El dios Zeus se obsesionó con una princesa fenicia de nombre Europa, a quien sedujo y raptó convertido en toro, llevándola a la isla de Creta. Un relato que se mantiene vigente por la violencia que reproducen las historias de hombres poderosos que llevan a islas a jovencitas que, ya sea seducidas o por la fuerza, pierden conexión con su origen y su futuro.
La actual reina, Michelle Jiménez, representó a la diosa Niké, quien con sus alas doradas es símbolo de victoria, y la princesa Estephanía Castañeda, en su carruaje de plata, recordó a Selene, símbolo del amor y de la eternidad.
Reconocer otras expresiones
Una de las razones por las que el carnaval me gusta es porque ofrece la oportunidad de poner los ojos más allá del puente de El Corcovado. En los días de fiesta, se abren ventanas para reconocer expresiones ajenas que nos ayudan a valorar las propias. Este regreso a Grecia me pareció oportuno por varias razones.
La primera, porque nos permite un primer encuentro estético con expresiones artísticas y con este fondo de cultura. La segunda, porque bien vale buscar en estos relatos algunas claves para interpretar sucesos actuales. Los raptos me parecieron protagónicos: la violencia generalizada que nace de deseos individuales; lo que ocurre cuando a los poderosos, ya sea reyes o dioses, no hay límites razonables que gestionen sus deseos: el resultado es la sangre derramada y vivencias abominables.
Pero las esculturas del desfile también ofrecieron un rumbo: Niké no representa una victoria como aplastar a otros; también significa estrategia y constancia para la culminación de procesos de largo plazo. Su presencia suele ser en compañía de otros personajes, como símbolo del mérito: el triunfo nunca es individual. Selene, por su parte, muestra que el amor también es cuidado, que la trascendencia se logra en el equilibrio, que la vida no solo demanda al sol y el modo de alerta, también reclama calma, pausa y cuidados.
Una lección en medio de la fiesta desbordante.





