Algo anda mal cuando el interés de una derrama económica asfixia el sentido de la cultura y el arte en una festividad regional.
Cuando el ciudadano promedio en su mayoría, en el afán de la diversión y el esparcimiento enfocan su inversión y consumo únicamente al costo/acceso de alcohol y/o espectáculos de bajo o nulo contenido artístico, es notable indicativo de que algo delicado está pasando en el sentido de la cultura, de la apreciación artística y de la diversión.
Pero si son las mismas autoridades que administran y organizan esta dinámica entonces se vuelve en un asunto social grave.
En medio de una problemática que es ya un cáncer para el país como lo es el narcotráfico, las células de crímen organizado y sus líderes, que tienen sumido a todo el país en la terrible inseguridad y corrupción que han alcanzado los más altos niveles y que incluso ha rebasado ya el territorio nacional y se ha vuelto un problema de orden internacional.
Y en medio de todo esto, ver que las instituciones y grupos que administran las festividades de tradición y cultura contemplan sin ningún filtro ni reparo a los artistas y bandas que abiertamente enaltecen a criminales y hacen apología del delito porque son «las que más venden y jalan gente». Y sin mencionar que además el nivel musical, la narrativa de sus letras y la interpretación vocal son de pésima calidad artística.
Si bien una festividad regional como lo puede ser un carnaval implica una importante derrama económica y debe organizarse de forma estratégica y responsable para garantizar los mejores rendimientos financieros, tampoco se puede ir al extremo de ejecutarlo como un vulgar y frío negocio que sólo debe dar ganancias, dejando de lado la influencia cultural que deja a futuro en la sociedad.
Porque justamente olvidamos eso, la importancia de la cultura y el arte en las sociedades.
Es triste ver cómo a las generaciones más jóvenes de autlenses cada vez les importa menos la raíz cultural del Carnaval, no les importa la expresión artística que puede implicar toda la dinámica social del Carnaval, sólo les importa poder pagar unos boletos, comprar vino y escuchar música que habla de narco cultura, esa es su diversión, su convivencia y esparcimiento dentro del Carnaval y mientras eso deje dinero a los administradores de la fiesta es lo que más les importa (o lo único que les importa).
Sí, es un tema de educación, de la educación que se da en casa, pero también de la educación social. Y también es un tema de conciencia.
Creo que ya estoy dejando ver un poco la verdadera importancia e influencia que tiene la cultura.
Las tradiciones son importantes, sí. Pero también las tradiciones se corrompen y se desvirtúan, al igual que la cultura desafortunadamente.
Entonces: ¿Qué estamos haciendo del Carnaval? ¿Qué Carnaval le estamos dejando a las futuras generaciones? ¿Abona el Carnaval para dejar en la una semilla de buena cultura y una mejor apreciación artística de calidad? ¿En verdad el Carnaval está evolucionando para poderse ejercer digna y satisfactoriamente los próximos 20 o 30 años?
……. ¿O el Carnaval de Autlán está involucionando?





