Realidad alterna | Evo Morales, la cortina de la diplomacia

en Plumas

Esta semana, Lulú Cano cuestiona la decisión diplomática del gobierno mexicano de dar asilo al expresidente de Bolivia Evo Morales, en medio de numerosas polémicas del Senado.

Por: Lourdes Cano Vázquez

Autlán de Navarro, Jalisco. 13 de noviembre de 2019. (Letra Fría) Evo Morales qué; esté en donde esté, es tema de otro lado, es problema de otro pueblo. La figura del asilo no representa más que una postura convenientemente humanitaria ante el mundo que, sin embargo, no se replica con los miles de migrantes centroamericanos que todos los días intentan escapar de su cruda realidad.

Ellos que no ostentan cargo alguno, que no tienen garantizada la comida del día, son duramente rechazados por nuestro gobierno. Qué bien que el Estado otorgó asilo a Evo, que movió uno de esos aviones que ni el presidente utiliza y activó toda su maquinaria diplomática con tal de traer al presidente derrocado y se colgó la medalla de la hermandad latinoamericana, ojalá que así lo haga con sus hermanos centroamericanos.

Pero lo digo de nuevo: Evo qué, Evo no importa. Mientras contemplamos distraídos el exilio del expresidente, aquí el país se cae a pedazos. Jamás me cansaré de decirlo y nunca dejaré de argumentarlo: las instituciones son la salud y la vida de la democracia y López Obrador atenta severamente contra ellas; a medida que se las apodera, destruye el camino que tanto costó construir.

Ya lo hicieron con Baja California, alargando descaradamente y por encima de la Ley un periodo gubernamental, lo acaban de hacer con la CNDH imponiendo a una militante del partido en el gobierno, que no es abogada, electa de manera fraudulenta sin la cantidad de votos necesaria en el Senado, y van ahora por el INE, el IFE que tanto ha costado.

Hoy la iniciativa de Morena está en la mesa: implica cooptar la autonomía del Instituto. Es nuestro sistema electoral la institución que más orgullo debe hacernos sentir por lo que representa, al terminar con setenta años sin alternancia partidista, sin elecciones limpias, organizadas desde Los Pinos.

Es también el mismo IFE del 2006 que López Obrador no puede superar porque con esa autonomía superó su capricho; ese mismo al que hoy como presidente, no duda en destruir a pesar de que bajo las mismas reglas, consiguió en 2018 la victoria electoral más amplia de la historia; ahora, las instituciones dejan de ser libres y se convierten en una extensión del brazo presidencial. Cuélguense la medalla diplomática, pero no olviden que su compromiso está en otra parte.

LL/LL

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