Fácilmente tengo una década haciéndome guaje. Nunca he cumplido con los reglamentos escolares que prohíben a los estudiantes hacer adaptaciones a su uniforme, jamás he regañado a nadie por estar desfajado en el salón, sin corbata los lunes, por usar pulseras que
El caminito de la escuela tiene de nuevo a personas apurándose a llegar, o, mejor dicho, el aula está en la antesala de volverse ese espacio cotidiano de satisfacciones, emociones y presiones.
Su nombre es una combinación de María y algo más, compartimos escuela como estudiantes de secundaria, por lo que más de una vez hicimos fila para comprar una torta de jamón y luego correr a las canchas a patear balones o tobillos,



