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Tres razones para simpatizar con los Therian

Carlos Efrén Rangel reflexiona sobre los Therian y nos da tres razones para simpatizar con ellos. ¿Tú qué piensas?

Imagen generada por IA

Comenzaré reconociendo que los Therian también me parecen raros. Identificarse como un animal y comportarse como tal en espacios públicos, en primera instancia, genera la certeza de que es un abuso del derecho al libre desarrollo de la personalidad.

La popularidad del fenómeno no me permitió ignorarlo, así que, además de los chistes y los memes, escuché a algunos therians, leí antecedentes y, en un ejercicio de discernimiento, encontré tres razones para simpatizar con ellos, o por lo menos para no ser tan agresivos con ellos. Esas tres razones son las que quisiera compartirles hoy.

Pertenecer a un grupo

“No sé cómo se atreven a vestirse de esa forma y de salir así (…) hey, pa’, fuiste pachuco, también te regañaban”. Así canta la canción “Pachuco” del grupo Maldita Vecindad, que siempre me ha gustado porque retrata el añejo pleito generacional en el que los viejos vemos con rechazo a las tribus juveniles. Antes los punks, los hippies, los emos, los darks, los otakus y ahora los therians encuentran en lenguaje, códigos y narrativas compartidas el reconocimiento que protege de la exclusión y del aislamiento.

El filósofo polaco Bauman identifica que nuestra época vive una modernidad “líquida” en la que los vínculos humanos son tan superficiales y frágiles que la integración de tribus puede leerse como una respuesta a la soledad. Los antecedentes de los therians datan de 1990, pero apenas los conocimos; quizá trasciendan y aporten visiones del mundo como los hippies, o quizá se pierdan en la historia una vez que pase su fama.

El agobio moral de la modernidad

Existe un relato que cuenta la manera en que a una rana la meten a una olla con agua cuya temperatura comienza a subir poco a poco, y no se da cuenta. Byung-Chul Han es un filósofo coreano que califica a nuestra realidad como la “sociedad del rendimiento”. Según este enfoque, las personas nos autoexplotamos por las altas expectativas de tener éxito, ser productivos y ganar visibilidad.

Los animales no viven con esta carga moral. Nadie le pide a un perro que compre una casa en medio de la especulación inmobiliaria. Nadie espera de un gato que viva los lujos que se presumen en redes sociales con salarios bajos y jornadas extenuantes. Nadie le pide al león que deconstruya su masculinidad. Los animales solo viven. Los Therian salen a ratos de la olla con agua hirviendo.

El performance es un espejo

También he visto videos en los que therians intentan abordar transportes públicos y el de uno que llegó en compañía de un abogado a proponer una ley en el Congreso de Nuevo León. Fuera de eso, la comunidad therian es una puesta en escena que se remite a personas que se reúnen en parques a jugar. En las entrevistas a therians que he leído, para ellos es más una actividad de regulación emocional que no daña a terceros, que no se impone por coerción, solo una identidad llevada al extremo que no permite ser ignorada y que reduce el conflicto al plano estético, mientras los conflictos éticos permanecen.

Hay activa una lista de millonarios y políticos con acusaciones de pedofilia y abuso grave; se mantienen guerras para la aniquilación y desplazamiento de comunidades con bases raciales; y hay políticos que, asumiéndose influencers, siguen haciendo negocios privados al amparo del poder público. Eso es muchísimo más digno de atención que alguien que se ponga una máscara de perro.

therian

Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Educación Básica.

Actualmente es profesor de español en secundaria y de Maestría en la Unidad 143 de la UPN. Desde los 17 años ejerció como reportero y comunicador en radiodifusoras y periódicos locales en Autlán. Aficionado práctico de la literatura, la crónica taurina y las columnas de opinión.

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