En las últimas semanas, las protestas sociales fueron un tema de conversación en las aulas donde doy clases. A diferencia de años pasados, en que a los manifestantes se les desestimaba de forma automática, esta vez detecté interés de algunos chavos en
“Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Al refrán mexicano lo único que le falta es la explicación para los lampiños que no han vivido la tortura de afeitarse en seco.
No son pocos mis exalumnos que decidieron ir a Guadalajara a estudiar la universidad. Con muchas y muchos de ellos conservo una comunicación constante. La semana pasada fue particularmente activa por el tema del agua y, sobre todo, por la posibilidad de




