Crónicas al Estremo | Lo más importante de lo menos importante

en Plumas

Este lunes, Sebastián Estremo habla de los intereses económicos que mueven la industria del futbol en México y el mundo, perjudicando la esencia deportiva de las competiciones.

Por: Sebastián Estremo

Autlán de Navarro, Jalisco. 11 de mayo de 2020. (Letra Fría) Dentro del mundo de la academia y entre ciertos círculos de gente pretenciosa que se jacta de ser muy culta está mal visto hablar de futbol. Sin embargo, muchos escritores aclamados en el mundo como Eduardo Galeano o Ryszard Kapuściński, han comprobado que a través del deporte se pueden explicar muchos fenómenos y procesos que van mucho más allá del juego mismo. Yo pertenezco a la segunda escuela de pensamiento. Como para millones de personas en el mundo el futbol fue mi refugio durante la niñez y lo es todavía hasta hoy. Gracias a él no solo he tenido horas de entretenimiento, sino que ha sido el pretexto perfecto para forjar y consolidar muchas de mis más fuertes y duraderas relaciones personales. No por nada Jorge Valdano, campeón con la albiceleste de Maradona en el mundial del 86, alguna vez dijo que “el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”. Yo le doy la razón. A esto añadiría que la industria del futbol (y del deporte en general) es como cualquier otra, mueve cantidades estratosféricas de dinero cada año y cientos de miles viven de ella (la mayoría con sueldos de gente común). Queda claro que ésta no es una industria esencial, pero su importancia es tal que con todo y contingencia en países como Alemania o Italia están, para bien o para mal, a punto de reiniciar sus ligas.

En los últimos días el mundo del futbol en México ha sufrido uno de sus golpes más bajos. Siempre que uno cree que los “dueños del balón” no lo pueden hacer peor se empeñan en mostrarnos lo equivocados que estamos. Paulatinamente se han dedicado a polarizar la liga, a reforzar las desigualdades económicas y deportivas entre los equipos. Aquellas épicas historias como la del Atlas del 99 que con su cantera y unos cuantos refuerzos llegó hasta la final contra el Toluca de Cardozo y posteriormente se convirtió en la base de la mejor selección mexicana de la historia (2005-2006) son cosa del pasado. Ahora son unicornios tan raros como el Leicester ganando la Premier League. Durante la última década los dirigentes sacaron a los clubes mexicanos de la Copa Libertadores y a la selección mexicana de la Copa América, poco después erradicaron el descenso y ahora se les ocurrió (de la manera más cobarde) la maravillosa idea de eliminar por completo lo que aquí llamamos la Liga de Ascenso (que no es otra cosa que una segunda división). El objetivo a mediano plazo parece ser fusionar la liga con la MLS. Matando de un solo tajo décadas de tradición para privilegiar lo monetario. No debe de sorprendernos que la calidad del espectáculo que se nos ofrece sea cada vez peor. En ese sentido vale la pena destacar que no es que el modelo norteamericano no sirva, pero algo fundamental que hace que sus ligas funcionen es que existen mecanismos para promover siempre la competitividad y sobre todo la paridad entre equipos (de ahí que no necesiten el sistema de ascensos y descensos). Los topes salariales, los drafts colegiales y ajustes en la calendarización de los equipos (NFL) regulan las desigualdades entre equipos y fomentan un continuo flujo de historias de éxito y fracaso. Quien quedó último el año pasado al siguiente podría ser de los primeros, y viceversa. No veo jamás un sistema semejante operando así en México.

Alejandro Irarragorri, uno de los personajes más sombríos del futbol mexicano (y lamentablemente dueño del Atlas), argumentaba que el proyecto económico del Ascenso era insostenible y por ello lo eliminaron. ¡Pues claro que era insostenible! ¿Cómo carambas va a ser sostenible una liga a la que le ponen a sus afiliados mil trabas para acceder al único incentivo (el ascenso) para la cual fue creada? ¿Cómo van a ser sostenibles proyectos que apenas empezando su camino en primera división se enfrentan a un formato hecho para que al primer año regresen de donde vinieron? Y aún con todo en contra tenemos brillantes historias de equipos provenientes de divisiones inferiores que le han dado sabor a la liga. Los Tecos de Vucetich; el Atlético Celaya del 94; el Pachuca de Pablo Hernán; los Dorados de Iarley, el Loco; Guardiola y su trágico desenlace; los Indios de Juárez quedándose en la orilla de la gran final; el campeonato de los Xolos de Tijuana; el bicampeonato del espectacular León de Matosas; el efímero y dramático regreso de los Leones Negros a primera y muchos otros más.

Gran parte del interés de la liga mexicana también radicaba en la lucha por la permanencia. Hace unos pocos años equipos de gran tradición como el Atlas, las Chivas y el Morelia estuvieron al borde del precipicio (aquel Monterrey 1-2 Morelia con gol de último minuto de Ruidíaz vale tanto o más que una gran final). Si hay historias como las del Veracruz o la de los Lobos BUAP en años recientes no es porque no existan recursos o buenas plazas en México, es por un formato de competencia que fomenta la mediocridad y protege a los peces gordos, aunado con una nula solidaridad gremial ejemplificada perfectamente por los Tigres del “Tuca” Ferreti en el puerto jarocho el año pasado. Al desaparecer el Ascenso también desaparece la posibilidad de ver grandes clásicos que durante años animaron la liga de plata como el Correcaminos vs Tampico-Madero, el León vs Celaya o León vs Irapuato (con su memorable final de ascenso en el lejano 2003) por mencionar solo algunos. La liga mexicana en lugar de imitar el modelo de las ligas de élite que han sabido redistribuir los ingresos y reforzar las segundas y terceras divisiones apunta a un modelo que en el contexto mexicano no aporta nada ni en lo deportivo ni en el espectáculo. Mientras cientos de jugadores pierden sus oportunidades de trabajo y en muchas buenas plazas se desvanece la posibilidad de tener un equipo de primera división (Culiacán, Mazatlán, Veracruz, Ciudad Victoria, Tampico, Zacatecas, Mérida, Hermosillo, Celaya, Irapuato, La Piedad, Zacatepec, entre otras), aquellos que tienen secuestrado el futbol mexicano expanden sus mercados y sus ganancias.

Tampoco seamos ingenuos ni nos engañemos. Los que seguimos el futbol y tenemos más de doce años sabemos que esta es una industria y que lo primordial hace mucho dejó de ser lo deportivo (si es que alguna vez lo fue). Ni siquiera la seguridad de los jugadores es remotamente relevante. Recuerdo que en el 2012 la final de la Copa Sudamericana enfrentaba al São Paulo contra el Tigre de Argentina. Al medio tiempo del partido de vuelta en Brasil los jugadores de la modesta escuadra visitante fueron agredidos y amenazados con armas de fuego por lo que se negaron a salir al segundo tiempo. La organización del torneo se lavó las manos y otorgó el campeonato a los locales penalizando así a los agredidos. No hubo consecuencias para el Tricolor del Morumbi. Un ejemplo todavía más reciente fue el bochornoso espectáculo que otorgaron los dirigentes de Boca Juniors y River Plate en la final de vuelta de la Copa Libertadores de 2018, quienes en todo momento mostraron que su mayor preocupación nunca fue la seguridad ni de los jugadores ni de los aficionados, sino más bien no arriesgarse a perder un solo centavo. Nada tontos, días después le dieron vuelta a la situación y se llevaron el juego a Madrid a cobrar en Euros, en uno de los partidos más decepcionantes que yo recuerde.

En plena pandemia los grandes clubes europeos que se devoran millones en ganancias cada año de la nada no tienen ya más recursos. En Italia los altos directivos de todos los clubes demandan en una sola voz el regreso del futbol a las canchas para no perder los ingresos televisivos de los cuales dependen los equipos chicos y medianos. Simultáneamente, el plantel del Brescia se opone tímidamente a la reanudación de la liga. Las exigencias de un calendario sobresaturado ponen en riesgo la integridad física de los jugadores, quienes son vistos como unas viles máquinas. La carrera del futbolista para la mayoría es muy corta e ingrata (no todos tienen la vida resuelta como Neymar o Cristiano Ronaldo). A los directivos no les interesa ni el deporte, ni sus empleados, ni los aficionados. Lo que les interesa es cuidar su bolsillo. Pero esto no es algo propio del futbol. Y es que así como la industria alimentaria no se preocupa por producir alimentos de buena calidad para todos, la industria de la información no se preocupa por “informar” (a modo de ejemplo pocas veces he sentido más pena ajena por alguien como por Sarahí Uribe, la reportera que fue enviada hace unos días por sus superiores a hacer el ridículo en la conferencia de López-Gatell) o la industria farmacéutica no se preocupa por “producir” personas sanas, la industria del futbol no se preocupa por el futbol (sírvanse de ejemplo medidas como la Eurocopa con 24 equipos o el Mundial con 48). Vivimos en un mundo donde las necesidades básicas de una gran parte de la gente no son cubiertas, pero no es por falta de recursos ni de producción. En el sistema económico que vivimos se prioriza siempre la acumulación de capital por parte de grandes empresarios, dueños de bosques, mares y ciudades enteras, por sobre las necesidades de las personas. Un mundo donde se producen alimentos suficientes para todos pero que por la lógica del sistema la mitad termina siendo desechada a propósito. Un sistema que contra todo sentido común no es capaz de frenar y dejar de extraer petróleo por un momento porque su lógica no es la de satisfacer las necesidades existentes, sino más bien continuamente crear unas nuevas. Sale más barato producir que dejar de producir, aunque al final la mayor parte de lo producido se desperdicie. Los paralelismos con el futbol son evidentes. Creo yo que en un país como México tendría más sentido una primera división con menos equipos para crear una segunda más sólida y competitiva. Pero es que otra vez, siempre tan ingenuo, se me olvida que el deporte profesional no está organizado por el bien del deporte. La alimentación, la salud, las escuelas, las cárceles, el deporte: todo es un negocio.

A todos aquellos que perdieron su trabajo por la desaparición de la Liga de Ascenso o a los jugadores del Brescia en Italia les debería quedar claro que, como en cualquier otro ámbito de la vida, solamente la solidaridad gremial los podrá sacar adelante. Tal vez sea momento de desempolvar los libros de historia y echarle un ojo a la Democracia Corinthiana que, liderada por el gran Sócrates, con su modelo autogestivo no solo hizo frente a su dirigencia, sino que también incomodó a la dictadura militar.

El año pasado tuve la fortuna de estar en Catania, una localidad situada en una de las puntas de Sicilia, en las faldas del Etna. Hace no mucho tuvo un buen equipo en Serie A pero por manejos turbios de su dirigencia ahora navega en las profundidades de la Serie C. En una de sus calles más transitadas vi un grafiti que a modo de protesta decía: «Il calcio è della gente» (el futbol es de la gente). Y es que nunca ha dejado de serlo. A título personal mientras algo de la esencia del futbol sobreviva dentro del profesionalismo seguiré yendo al Estadio Jalisco, no solo a ver a mis rojinegros, sino a compartir con decenas de miles de personas el ambiente que hay en los puestos y locales aledaños. Tristemente eso es algo que con su nuevo estadio/centro comercial, le han quitado a la afición de las Chivas. Creo que los aficionados rojiblancos de Jalisco estarán de acuerdo conmigo en que se disfruta mucho más un clásico en el Estadio Jalisco que en su nuevo estadio. Esto es porque al coloso de la Calzada Independencia lo hicimos todos, mientras que los nuevos gigantes de acero solo tienen por ambición el consumo. Los dueños del balón están matando lo más importante de lo menos importante. ¡Que los paralelismos y lecciones que nos deja el futbol nos sirvan para aplicarlas a las cosas que son más importantes!

(Foto: Sebastián Estremo)

LL/LL

*Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la fuente. Se prohíbe su reproducción si es con fines comerciales.

Sebastián Estremo nació en la Ciudad de México en 1991. Es Licenciado en Geografía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Maestro en Estudios de Asia y África con especialidad en Medio Oriente por El Colegio de México, se desempeña como cartógrafo y profesor particular de turco y de francés. Apasionado por la historia, la geografía y los idiomas ha emprendido diversos viajes por México y el mundo recopilando las historias de vida de las personas que se han cruzado por su camino. Su género preferido es la crónica y su inspiración el periodista polaco Ryszard Kapuściński. Ha publicado crónicas de sus viajes por el Kurdistán en medios independientes y artículos periodísticos y mapas en medios electrónicos.

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