Lo que miro desde El Surco | Huerto Escolar; práctica pedagógica, vivencial y transformadora

en Plumas

En esta ocasión, Martín Flores del Campo (Rodolfo González) relata con especial intimidad las primeras experiencias del huerto orgánico escolar en El Limón, que promete resultados alentadores con los niños de la comunidad.

Por: Rodolfo González Figueroa

El Limón, Jalisco. 7 de marzo de 2020. (Letra Fría) Al momento de colocar la semilla en la tierra y taparla, estas lindas grandes personitas sembraron ilusiones enormes. Sembraron en grupo, con alegría, en equipo. Sembraron en comunidad, de las manos de sus padres. Muchos de ellos y ellas no habían metido las manos a la tierra siendo todos de una comunidad ejidal agraria. Hubo una reconexión con la tierra y con madres, padres e hij@s.

Antes de sembrar dibujaron su huerto, lo proyectaron con su imaginación. Dibujaron diversidad colorida, dibujaron quizá lo que todavía podemos ver en nuestro pueblo, árboles diversos, frutas de temporada. Y nos dimos cuenta de algo grave, los niños ya no van a las parcelas de sus padres, ya no se les vincula con las actividades productivas agropecuarias.

Pero el huerto llegó para recuperar el vínculo. Las semillas de melón, rábano, zanahoria, lechuga, betabel, cebolla, chile, pepino, calabaza, cilantro y las de los diversos maíces de colores fueron asombro. Pocos las conocían y fue sorpresa grata conocer la pequeñez de una simiente de lechuga o  de cebolla. “Parece una piedrita”, “qué chiquita y bonita”, “¿y como se transforma en zanahoria esa semilla?”. Dudas, preguntas, cuestionamientos comenzaron a germinar de inmediato en las mentes de ellas y ellos. Y eso es fabuloso, que la niñez sea preguntona, que tenga dudas, que se motiven a investigar y que nunca dejen de indagar.

(Foto: Rodolfo González)

Llegó la hora del riego. Héctor y Toño llegaron con regaderas de botes reciclados, aportilladas con clavos, unos grandes y otros pequeños. En conjunto nos dimos cuenta de que son mejores las regaderas finas, con clavitos chiquitos, para que el agua caiga como forma de lluvia. “Porque la lluvia es la mejor forma de riego”, dijo Toñito. Yuly puso las dudas sobre las camas de cultivo; “¿por qué no nacen rápido las semillas? ¿Por qué no sembramos mejor plantitas y no semillas? ¿Dónde venden semillas de manzana? A mí me gustan las manzanas”. Armandito irrumpió: “no creo que aquí se den las manzanas, yo nunca he visto un árbol”.

Así, luego de 3 semanas de inaugurar el huerto escolar de la escuela primaria Josefa Ortiz de Domínguez, en la comunidad de La Ciénega, Municipio de El Limón, el huerto, los riegos, las semillas que no nacen, las que nacieron “pronto”, la resiembra, las plantas medicinales que cada alumno llevó para poner a las orillas de las camas de cultivo, el desarrollo y crecimiento de los cultivos, etc., son temas de conversación recurrentes en ellas y ellos. Muchos ahora se van más temprano a la escuela, llegan corriendo a dejar su mochila al salón para irse inmediatamente a ver el huerto y regarlo. Y mientras riegan hablan de las plantas y las preguntas no cesan. Cuando las semillas comienzan a germinar, es una celebración conjunta.

(Foto: Rodolfo González)

En su casa, tres alumnos construyeron ya una cama de cultivo similar a la de la escuela. Un alumno se fabricó tablitas para colocar en la cama de cuarto grado y le compartió la idea los demás salones. El personal docente también tiene su cama de cultivo diverso y ya germinan cilantro, calabacita, pepino y jitomate. Los padres de familia, tenemos también dos espacios, en uno hicimos sistema milpa tradicional y en otro sembramos espinacas, zanahoria, pepino y cilantro.

Algunos maestros ya imparten clases de matemáticas o de ciencias naturales en el huerto que, ahora también, comienza a hacerla de pizarrón. En los próximos días el personal docente recibirá un taller especializado en relacionar y vincular la curricula escolar con el huerto. De modo que las materias que de por sí se ven en el salón con ejemplos ficticios serán impartidas en el huerto con temas reales con plantas vivas, con superficies tangibles y en el mero espacio vivencial.

En tres semanas, el huerto escolar ha cambiado de diversas maneras la relación de niñas, niños, maestros, padres de familia y gente de la comunidad que, al pasar por la primaria, se muestran interesados en conocer el espacio. Los padres de familia con mayor conocimiento de la agricultura y que trabajan en el campo se convierten en los maestros y guardianes del huerto junto con ellas y ellos, niñas y niños que sensibles hacia los distintos modos de vida se vuelven más consientes, interaccionan con sus cultivos, comienzan a diferenciar suelo sano, suelo fértil de suelos contaminados y se comprometen a cuidar la naturaleza y respetar sus distintas expresiones.

(Foto: Rodolfo González)

Los niños más hiperactivos han tomado la batuta y son los que llegan primero a tomar el balde de agua y ponerse a regar los cultivos, incluso ayudan a regar a los compañeros de otros salones. El huerto crea comunidad, humaniza, fraterniza, relaja, despeja la mente, calma la ansiedad.

Si bien, las hortalizas van en desarrollo, hay camas en las que aún no nacen las semillas y en general, la experiencia del huerto escolar recién inicia su proceso, los primeros hallazgos son tremendos, positivos, alentadores, muy esperanzadores en este contexto regional y mundial de emergencias sanitarias, de enfermedad, de agrotóxicos y contaminación, de violencia desenfrenada y vértigo consumista. El espacio del huerto es una isla donde además germina otro tipo de sociedad en apego a la tierra y la naturaleza. Y como todos los días niñas y niños se relacionan todos los días de a semana con las plantas y la tierra al momento de siembra y riegos también de alguna manera hacen ciencia, producen consciencia, practican paciencia, ejercen persistencia y viven la coexistencia.

Esto recién inicia, pronto vendrán las primeras cosechas y estar presentes será una fiesta y una comunión colectiva. Gracias a la comunidad escolar por crear este espacio que sin duda va germinar en otras escuelas del Municipio y Región. La agricultura a pequeña escala y familiar alimenta el mundo y es una salida a la crisis ambiental y alimentaria mundial.

(Foto: Rodolfo González)

Vicent Bordera, hacedor de muchas huertas y muchos más hortelanos y hortelanas, menciona:

“Hay que aprender a respetar antes que a exigir. Lo demás, viene todo rodado. No temas, tendrás producción y será sana. No será exuberante, pero asombrosamente constante. Superará los inconvenientes climáticos; plagas y enfermedades serán problemas ocasionales de los que te podrás desprender con facilidad. Y sobre todo tú, tú te sentirás una persona con más vida”.

“Olvidarnos de cómo cavar la tierra y cuidar el suelo es olvidarnos de nosotros mismos”.

Mahatma Ghandi

LL/LL

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