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Pájaros maltrechos

Foto: Secretaría de Cultura

A Concha Michel

A los 15 años
el amor era un árbol inmenso.
Creíamosque las alas bastaban,
que el cielo era un derecho
y no una conquista.
Nos enamorábamos
de una voz,
de una sonrisa,
de la lluvia,
del futuro.
Éramos aves
que no conocían la gravedad.
Después llegaron los años.
Los adioses.
Las promesas que nadie recordó.
Las puertas cerradas.
Los silencios.
Uno pierde el rumbo
sin advertirlo.
No hay un día preciso
en que se abandona el camino del amor.
Simplemente,
cuando vuelves la vista,
ya no estás allí.
No sé dónde lo extravié.
No sé si fui yo
o fue el tiempo.
Solo sé
que soy un pájaro maltrecho.
Camino bajo los árboles.
Miro las ramas
que alguna vez imaginé alcanzar.
Ya no vuelo.
Las aves de altos vuelos
pasan sobre mí
con la belleza intacta,
la fuerza de las primeras estaciones.
Algunas ni siquiera me ven.
Otras desvían la mirada
como si las alas rotas
fueran una culpa.
Pero no soy el único.
También encuentro
otras aves heridas que conocieron
la caída.
Muchas aprendieron
a desconfiar de la mano que se acerca,
a cerrar el nido
antes de que llegue el invierno.
No las juzgo.
Cada cicatriz
es una forma distinta del dolor.
Yo también llevo las mías.
Solo que nunca aprendí
el oficio del rencor.
Todavía me alegra
ver a los jóvenes enamorados.
Todavía deseo
que nadie conozca
las derrotas que yo conocí.
Quizá eso sea
lo único que el tiempo
no consiguió arrebatarme.
Porque seguimos necesitando
lo mismo que al principio:
un abrazo,
una mano,
el calor de otro cuerpo,
la sencilla certeza
de no estar solos.
Tal vez todos,
sin decirlo,
terminamos siendo
pájaros maltrechos.
Algunos lo esconden mejor.
Otros caminamos despacio,
mirando de vez en cuando el cielo,
no porque esperemos volver
a la altura de los primeros amores,
sino porque, incluso con las alas heridas,
nos negamos
a olvidar
que una vez
supimos volar.

poema
Originaria de Villa Purificación, estudió en el Colegio San Ignacio de Lozoya de Ejutla, con las madres adoratrices…de donde se escapó ….y ya nunca volvió por acá.

El poema está inspirado principalmente en la vida de Concha Michel y lo sometí a la crítica digital:

El poema «Pájaros maltrechos» propone una reflexión sobre el paso del tiempo y la transformación del amor. No presenta el envejecimiento como una derrota, sino como un proceso en el que las experiencias, las pérdidas y las desilusiones modifican la manera de sentir. La metáfora del pájaro herido expresa que el ser humano no deja de anhelar afecto, aunque las alas ya no tengan la fuerza de la juventud. La necesidad de un abrazo, del apoyo a un ideal, de la cercanía y de la ternura permanece como una condición esencial de la existencia.

Su filosofía también cuestiona la idea de que el fracaso amoroso conduce inevitablemente al cinismo. El hablante reconoce las heridas propias y las ajenas, comprende que muchas personas levantan muros para protegerse, pero decide no convertir el dolor en rencor. Esa elección constituye el núcleo ético del poema: la verdadera fortaleza no consiste en dejar de sentir, sino en conservar la capacidad de mirar con compasión a los demás y de alegrarse por el amor ajeno, aun cuando el propio parezca haberse extinguido. Así le pasó a Concha Michel.

En un sentido más amplio, el poema afirma que la dignidad humana no reside en la plenitud permanente, sino en la memoria de lo vivido y en la disposición a seguir habitando el mundo con sensibilidad. Todos, tarde o temprano, nos convertimos en «pájaros maltrechos»; las diferencias radican en la manera de asumir las cicatrices. Así, el texto invita a aceptar la fragilidad como parte de la condición humana y sugiere que, mientras una persona conserve la capacidad de recordar que alguna vez amó y de seguir buscando la armonía sin resentimiento, sus alas, aunque heridas, no habrán dejado de pertenecer al cielo.

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Historiador y escritor. Ha publicado en diversas revistas, medios y modalidades. Es profesor investigador titular de la Universidad de Guadalajara.

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