El relato, palabra que en su origen etimológico significa algo así como “llevado hacia atrás”, es el componente principal del libro que abordaremos hoy, escrito por Nestor Daniel Santos Figueroa, oriundo de El Grullo, Jalisco.
Con un manejo cuidadoso del lenguaje, el narrador nos traslada hacia el pasado de su lugar de origen y de la región circundante. Relatos que habitan un pueblo (Ediciones la serpiente, 2026) está compuesto por 10 narraciones, cuyo título es una sola palabra: Confesa, Devoto, Chinaco, Piadosa, Prófugo, Indómito, Irredento, Ausente, Tagüinche e Implacable.
Es de observarse que las palabras elegidas para nombrar las narraciones funcionan como adjetivo, es decir, dan una característica del personaje, a excepción de tagüinche, que hace referencia al nombre de un insecto también llamado cocuyo. Esta situación se vuelve más interesante, ya que ese relato es el único narrado en segunda persona, o sea, se dirige a un “tú“ a diferencia del resto que usa la tercera persona “él” o “ella”. Además, el tiempo verbal en el que se cuenta la historia es presente y futuro, lo que no ocurre en los otros textos que emplean el pasado. “Tagüinche” parece ser el relato más íntimo del libro, por ello, podemos suponer que ha sido diferenciado intencionalmente del resto y, como el insecto al que hace referencia el título, es luminoso y poético: “tu despedida no será un portazo ni un abandono. Será un adiós suave, escrito con tinta”.
La poesía aparece también en otros relatos, ya sea en descripciones del ambiente: “El humo se enroscaba en la tarde como un presagio”; en las diversas evocaciones sonoras, como “El crepitar del fuego y el burbujeo de los frijoles en la olla se fundía en un solo sonido” o entre los retratos de los personajes, “Sus ojos eran oscuros, de ese color que parece absorber la luz”. El gusto del autor por lo poético también se nota en la economía del lenguaje, no necesita muchas palabras, solo las precisas para aportar contenido.
Los recursos narrativos que emplea el escritor dan muestra de su formación como lector, como estudioso de la literatura y como promotor de la lectura, ya que describe con eficacia las acciones, no se entretiene en elucubraciones sino que logra hacer que los hechos pasen y puedan ser vividos por quienes leen, tal como si estuvieran frente a la acción, en el teatro o en el cine. Asimismo, las descripciones de personajes no caen en generalidades; los detalles físicos dan pistas sobre la personalidad. Así sucede en “Indómito” con el protagonista: “con los nudillos marcados por viejas peleas de cantina y los dedos gruesos como sogas de amarre”, “Nicolás Rivera, impecable en su pantalón de lino claro y su guayabera bien planchada”.
Néstor Daniel Santos Figueroa es narrador oral y su escritura se nutre de ello. “Prófugo” es un relato que fácilmente podría contarse al calor de una fogata. La sucesión de acontecimientos no da tregua para distraerse de la historia a partir de su inicio contundente: “La sangre aún tibia manchaba los puños de su camisa cuando León Covarrubias se internó en la maleza, jadeando como un animal herido”.
Otro de los aspectos que el autor ha manejado con cuidado en la creación de sus relatos es el de intercalar acciones de sus personajes en las intervenciones de la voz narrativa. Lejos de contentarse con verbos que dan poca información como “respondió” o “preguntó”, presenta movimientos y actitudes con los cuales permite descubrir matices de personalidad o intenciones. Veamos un ejemplo tomado del relato “Piadosa”: “le dijo María mientras doblaba con cuidado los pañuelos recién bordados”.
La información biográfica que al final del libro se ofrece sobre Néstor Santos asegura que tiene “especial interés en el patrimonio histórico y cultural de su localidad”. Lo anterior se advierte en su obra, la cual se mueve en episodios relacionados con la etapa virreinal; el periodo histórico en que el nombre de su terruño era Zacate Grullo; las Independencia, la Reforma, la Revolución y la Cristeada.
Observador y crítico de su entorno, el narrador se atreve también a ir hacia el futuro. Lo logra a través de un relato que toma los elementos de la ciencia ficción para anunciar lo que podría acontecer con la zona si seguimos considerando la tierra como una entidad al servicio de las personas. Así, ya sea observando el pasado, contemplando el presente o anticipando el futuro, Relatos que habitan un pueblo es un libro que invita a valorar la gran riqueza de este espacio al sur de Jalisco a través de la voz de un narrador para quien “El Grullo, al final, siempre será la raíz”.





