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Algunas líneas sobre La Odisea

Ruth Escamilla Monroy reflexiona sobre la vigencia del clásico de Homero a propósito de la reciente adaptación cinematográfica de Christopher Nolan. Además, comparte sus primeras impresiones del filme, destacando sus aciertos… y todo sin spoilers.

Foto: Ruth Escamilla

Espero con ansias el episodio del pódcast Licencia Narrativa, una rica conversación entre dos amigos amantes del cine y la literatura sobre películas que antes fueron libros. Quiero saber lo que van a comentar sobre La Odisea, dirigida por Christopher Nolan. Mientras eso sucede, porque sus episodios no son reacciones inmediatas sino que dependen de una lectura atenta y una observación analítica de las cintas, compartiré mi propia experiencia.

Leí La Odisea cuando era maestra de Clásicos de la Literatura en bachillerato. La consideré un libro que reunía los temas importantes para la humanidad y los desafíos que encuentra una persona en su existencia, además de ser un ejemplo de maestría en la forma de narrar. Mi lectura fue hecha en la colección “Sepan cuántos…” de Porrúa, la cual ofrece un índice de nombres propios bastante útil, en el que señala las páginas donde aparece cada uno, así como una lista de nombres latinos con su correspondiente griego. Así, es posible navegar por el libro sin perderse entre tantas referencias y abrir nuevas rutas a diversas historias.

Uno de los aspectos que más me gustó de la lectura fue descubrir la forma en la que está contada, con narraciones dentro de otras narraciones. Además, va presentando dos historias que seguimos con interés y que van a encontrarse en algún punto. Es un libro que comienza cuando los hechos ya están avanzados, pero en la que diferentes personajes irán contando sucesos anteriores para que tengamos completo el relato.

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Foto: Ruth Escamilla

Otro punto fundamental es la intriga. En todo momento está presente y desde la primera rapsodia plantea acción. La apertura de este poema épico ofrece un panorama que nos hace empatizar con Odiseo, Telémaco y Penélope. También nos deja clara la relación entre las deidades y la humanidad. Es en la primera rapsodia en la que Zeus advierte: “¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino.” Al leer, iremos descubriendo las decisiones humanas que le han causado problemas a Odiseo durante su intento de retornar a su patria y la forma en la que su protectora, Atenea, la deidad de ojos de lechuza, estará de su lado para acompañarle tanto a él como a su hijo en sus aventuras. Ya avanzado el libro, el protagonista corroborará lo que el padre de los dioses dijo desde el principio: “había de perdernos nuestra propia imprudencia”.

Más allá de lo que podamos ver en las películas, escuchar o leer en los resúmenes del libro, el acercamiento directo a la obra nos permite descubrir aspectos que no sabríamos de otra forma, por ejemplo, nos perderíamos de esa estructura narrativa que es enseñanza para quienes gozamos de escribir historias. Un aspecto que me parece relevante es que durante la lectura vamos conociendo al protagonista poco a poco, principalmente por lo que diferentes personajes cuentan de él, también lo vemos llorar y luchar, así vamos solidarizándonos con su dolor, pero será hasta la novena rapsodia cuando escuchemos sus infortunios, deseos y reflexiones en su propia voz.

Sabemos que las grandes obras de la literatura tocan temas universales, pero cada lector y cada generación los interpreta. Después de ver la película de Nolan encontré en YouTube una serie de 1997, dirigida por Andréi Konchalovsky. Resultó muy interesante observar cómo cada uno la adaptó para el público de su época. En el caso de Nolan, me impactó su modo de presentar el vacío que deja la guerra y cómo cambia a quienes participan; así como la responsabilidad del líder ante su grupo. También me conmovió la temática del abuso hacia las mujeres, expresado a través de Circe y su manera de vengarse en una de las escenas que me parecieron más impresionantes en el filme. ¿Y qué decir de su hipótesis sobre el canto de las sirenas o su recreación del encuentro de Odiseo con los muertos? No digo más, por si no la has visto.

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Foto: Ruth Escamilla

En mi lectura no había considerado los sonidos que pudieron escucharse en la gruta de Polifemo. Afortunadamente, disfruté de la cinta en una sala de cine y pude conectarme con la sensación de angustia y desprotección de los marineros encerrados, así como sentir la dolorosa pérdida que sufre el cíclope. Otra de las pérdidas que me hizo considerar el trabajo de Nolan fue la de Calipso, pero como el tema de hoy me emociona y corremos el riesgo de que me extienda demasiado, voy a ir cerrando.

Comparto aquí dos microrrelatos que escribí después de haber leído el poema épico de Homero en mi etapa como maestra y de haber descubierto la narrativa breve de Julio Torri sobre La Odisea, cuando era alumna de talleres literarios. El primero fue publicado en Coordenadas de voces femeninas Volumen cinco, coordinado por Alma Delia Cuevas (La Comuna Girondo, 2018). El segundo forma parte de mi libro de narrativa De viajes e inventarios (Ediciones el viaje, 2022).

Cantos

Los dioses dispusieron que viviéramos juntas en esta isla. En tierra nos atribuyen maldades, nos consideran causa de perdición. Solo ha habido uno capaz de resistirnos: todos se admiran de su ingenio, pero la idea de amarrarse al mástil no fue suya. Como pocos nos han visto, nos confunden con aves, con peces, nos pintan divinas o infernales.

Quienes se dejan seducir por nuestro canto inquietante yacen aquí como huesos descarnados. En tierra nos juzgan, no saben a cuántas mujeres hemos salvado.

De vuelta

Destruí con mis argucias un reino. Miles cayeron desde la muralla; cientos, en su lecho entregados al dulce sueño. Luché cuerpo a cuerpo con la muerte, la de múltiples formas: aguas peligrosas, lluvia de peñascos, naves destruidas, soplo de vientos, monstruos marinos, furia de dioses y gigantes. Solo quería volver a la tierra de mis padres, abrazar a mi hijo, volver a verte.

Colmé la sed de Atenea que convertida en golondrina presidía fascinada el festín de sangre de tus pretendientes. Las esclavas agitaban sus pies al viento mientras soltaban el último aliento de su traición. Todo para recuperarte, para volver a tenerte en nuestro lecho de olivo, intacto por veinte años.

Y esa noche que valió por dos lo recuperé todo, mi patria, mi casa, la calma, tanta calma que, al cerrar los ojos, regreso a escalar el palacio de las piedras talladas, el de los lobos y los leones, para que, liberado de artificios, la terrible diosa dotada de voz esta vez sí me convierta en cerdo.

Gracias por haber llegado al final de estas líneas a propósito de La Odisea. Hoy me despido con el deseo de que este poema épico de Homerosiga siendo un pretexto para dialogar, escuchar, crear, leer y escribir. Espero tus comentarios.

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Ruth Escamilla Monroy (Guadalajara, México). Es autora de los poemarios En la punta de la lengua y Llanto de rama, así como del libro de cuentos De viajes e inventarios (Ediciones el viaje). Ha sido autora invitada en encuentros literarios, tanto en México como en Estados Unidos y Panamá.
Es creadora de los talleres Una provocación a la escritura y cofundadora del Centro de Aprendizaje y Desarrollo del Lenguaje y el Movimiento. Por más de veinte años ha desempeñado la docencia en diversas instituciones y niveles educativos. Ha presentado ponencias en México y el extranjero sobre la enseñanza del español a través de la literatura.
Es egresada de la Maestría en Estudios de Literatura Mexicana y de la Licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara.
Fue Jefa de Lengua y Literatura de la Secretaría de Cultura Jalisco.

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