En estos momentos en que una gran parte de la humanidad sigue el campeonato mundial de la FIFA y sus secuaces, donde se propicia el acercamiento entre las personas, surgen las dudas sobre los límites de nuestros comportamientos e ideales, de entrada, el primer límite es el aspecto socioeconómico, los que entran a los estadios son los privilegiados y alguno que otro clase mediero que se embarcó por dos años con la tarjeta de crédito.
Y sigue una subdivisión amplia; los que. se juntan en los espacios públicos de manera masiva, en restaurantes, casas, calles, o de a soledad también.
Pero hemos visto como no faltan quienes pierden la cordura y la reunión se vuelve una selva de sapiens inconscientes, se confunde el resultado de un partido de futbol con los destinos de la “patria”. Nada de concesiones. Nada que discutir.

Se han visto casos de tipos golpear brutalmente a otros, aja ja ja, en lugar de apoyo en este “mundo moderno lleno de avances científicos”.
La que ya hemos hablado de ella suele ser asociada con una idea profundamente humanista: que el primer signo de civilización no fue una herramienta, una vasija o un arma, sino un fémur humano curado.
La interpretación atribuida a ella es esta: en la naturaleza, un animal con una pierna rota generalmente muere, porque no puede huir, buscar alimento ni protegerse. En cambio, un fémur sanado indica que alguien fue cuidado durante semanas o meses: otros lo alimentaron, lo protegieron y esperaron su recuperación. Para Mead, eso significaba el nacimiento de la compasión organizada, de la solidaridad y de la vida comunitaria.
Interpretado hoy, el mensaje sigue siendo muy actual: una sociedad no se mide solamente por su tecnología, riqueza o poder, sino por cómo trata a los más vulnerables: ancianos, enfermos, pobres, migrantes o personas heridas emocionalmente.
En un mundo moderno lleno de avances científicos, pero también de soledad, violencia y exclusión, el “fémur curado” sigue siendo un símbolo poderoso: la verdadera civilización aparece cuando alguien decide no abandonar al otro.
Consulté cuales serías algunos ejemplos actuales de la idea de Margaret:
- Individual: Una persona deja de lado su tiempo para cuidar durante meses a un familiar enfermo hasta que recupera su salud.
- Colectivo: Una comunidad organiza una colecta para reconstruir la casa de una familia que perdió todo en un incendio.
- Internacional: Países de todo el mundo envían médicos, alimentos y ayuda humanitaria a regiones afectadas por terremotos o guerras.
- Nacional (México): Tras el paso de un huracán, miles de voluntarios, universidades y organizaciones civiles llevan víveres, medicinas y herramientas a las comunidades damnificadas.
- Jalisco: Brigadas de ciudadanos, bomberos y voluntarios combaten incendios forestales y apoyan a las familias afectadas por el fuego.
- Autlán de Navarro: Durante una emergencia o una enfermedad grave, vecinos organizan rifas, colectas o actividades para ayudar a cubrir los gastos médicos de una familia del municipio.
Todos estos ejemplos muestran la misma idea: una sociedad demuestra su grado de civilización cuando protege y acompaña a quien atraviesa un momento de vulnerabilidad.

De alguna manera sí se ven esos rasgos de civilidad, pero…la existencia y nuestras vidas no se desarrollan en abstracto, se le podrá decir contexto, pero es más amplio identificar en que realidad concreta se efectúan así como las principales características. Pregunto: ¿el actual sistema que opera en la mayoría de los países propicia la generosidad civilizada?
Es una pregunta compleja y debatida. La respuesta más equilibrada es que el sistema capitalista-globalizante puede tanto favorecer como dificultar esa generosidad, dependiendo de cómo esté regulado y de los valores de la sociedad.
Puede propiciarla porque:
- Genera riqueza que puede financiar hospitales, educación y programas sociales.
- Facilita la cooperación internacional y las campañas globales de ayuda.
- Permite que empresas, fundaciones y ciudadanos donen recursos con rapidez.
Puede dificultarla porque:
- Incentiva la competencia y el éxito individual por encima del bien común.
- Puede aumentar la desigualdad y dejar desprotegidos a los más vulnerables.
- En ocasiones convierte la salud, la educación o el cuidado en bienes accesibles solo para quienes pueden pagarlos.
Desde la perspectiva de la idea atribuida a Margaret Mead, una sociedad verdaderamente civilizada no se mide por el tamaño de su economía, sino por su capacidad de cuidar a quienes no pueden valerse por sí mismos. Por ello, el desafío del capitalismo contemporáneo es equilibrar la eficiencia económica con la solidaridad y la justicia social.
En una frase: el mercado puede generar riqueza, pero la compasión no surge del mercado; depende de la ética, la cultura y las instituciones de una sociedad. No pues está fácil.





