La Troje de la Mar | Mentira y autoengaño en la política

in Maricela Páez Gutiérrez/PlumasLF

No sólo es quien dice la mentira, en gran medida, la mentira se sostiene por aquel que le da lugar y crea el autoengaño. En política, la mentira ha sido un arma poderosísima en la conquista de la opinión pública y en las últimas décadas, en la conquista electoral de los países con “democracia”; el discurso se crea no debido a lo que la ética y la moral obligan a enunciar, sino, en lo que el receptor quiere escuchar.

En la mentira y el autoengaño se cimentan muchas de las frustraciones ciudadanas de cara a la política, la mentira juega con la esperanza de las personas, cuando los posibles de la verdad resultan, no se pueden digerir y el desencanto es mayúsculo, el hundimiento moral y emocional es desastroso, porque fue tan bien dicha la mentira que nos la creímos, o quisimos creerla.

                Desde una mirada ética, (que muchos pueden creerla imposible en la política y más en la política electoral donde se vive una lucha por el poder), difícil, pero necesaria, es perverso jugar y manipular con mentiras a un pueblo con tantas carencias y limitaciones como el nuestro; lo deseable y como aspiración humana sería que, aquel que tiene mayores herramientas y recursos para pensar la política, debería hacerlo para bien, para despertar conciencias, para dejar de empobrecer  a la política y sembrar nuevos posibles desde realidades, que muchas veces son dolorosas, pero realidades, porque construir un proyecto político desde la mentira, tarde o temprano el colapso será inminente por falta de cimientos, por falta de estructura, como sucede con las casas que fueron construidas en el aire.

                La creencia simplona de asumir que en campaña electoral de conquista al electorado “todo se vale” habrá que desnudarla, justificar a los actores políticos con: “estábamos en campaña” ya no es posible, es cierto, hay mucho de esperanza en la palabra, debe haber esperanza en la palabra, en el discurso, se debe convocar al deseo, a los posibles, a la utopía, por supuesto que sí, pero de ahí a simplificar el mundo de las personas, mentir con resolver sus carencias en automático tan sólo por votar por un individuo, hacerle creer que su condición es resultado de otros, y no  de su propia disposición para pensarse como actores y protagonistas políticos  hay una gran distancia.

                Queda en la medida de lo posible desnudar la mentira; debemos exigir a nuestros candidatos que nos expliquen su mundo rosa, cómo, desde qué lugar sostienen su discurso. Por el bien de todos, urge desmaquillar propuestas inviables e insostenibles, que los expertos hablen, no los expertos en política que tienen intereses mezquinos, los expertos en los distintos rubros de interés nacional: energía, seguridad, educación, salud, economía, etc,  porque ningún proyecto político se sostiene en buenos deseos, vaya, en una vulgar analogía y por hacer comparación, nadie baja de peso por el simple hecho de desearlo, se debe actuar con base en los posible,  si el sobre peso que se tiene es significativo, seguramente será doloroso conseguir la aspiración, si el especialista en obesidad le dice a su paciente que se resolverá su caso con un abrir y cerrar de ojos, está mintiendo, como miente el político a un electorado deseoso de recibir buenas noticias sin que se le expliquen los cómo.

Si no hay ética política en los candidatos, la ética político ciudadana debe tomar lugar;  las mentiras deben ser confrontadas por una duda sana y necesaria, por una crítica que no sólo se hace por “enfadar” al otro, sino, porque se le quiere hacer pensar, argumentar, justificar  ideas, discursos, la historia misma de un país que no cambiará de la noche a la mañana.

Se trata de dignificar el campo político, el arte de hacer política donde el nicho social sea tan crítico y exigente con su clase política que la mentira electoral no tenga cabida y el autoengaño ya no sea la salida fácil a un presente sin futuro.

 

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