Agenda ciudadana | Disculpen ustedes mi pandémica petición

Este lunes, David Chávez Camacho denuncia las precarias condiciones de trabajo del personal de salud en el Hospital Regional de Autlán, abuso de autoridad y riesgos de contagio a los que se ven expuestos día a día, e invita a los ciudadanos a ejercitar nuestra empatía hacia aquellos que atienden a los enfermos por COVID-19.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 31 de agosto de 2020. (Letra Fría) No es lo mismo ser un familiar o parte del personal de salud que atiende a un paciente de COVID-19, aunque la pandemia provocada por el SARS-CoV2, el nuevo coronavirus, nos ha puesto a prueba a todos.

A los familiares de un enfermo nos duele ver la situación y la impotencia de no poder hacer nada debido al aislamiento del paciente, de las carencias de infraestructura hospitalaria, del hacinamiento, de la improvisación, de la falta de insumos, de la falta de medicamentos, de la falta de equipo, de la falta de personal y de la falta de sentido común y poca sensibilidad de sus directivos.

El personal médico y de enfermería, debido a su vocación, sienten afecto y afinidad con sus pacientes, sienten lo que les duele y comparten su tristeza. Por eso son muy fuertes y se les ha creado una figura de súper héroes, haciéndoles crees que son súper humanos, y que por eso deben de aguantar la crisis de la salud ellos solos, y que desde nuestra comodidad les vamos a dar nuestros aplausos y sus reconocimientos.

Mientras usted está leyendo esto, pensando en ir al bar con los amigos, a la fiesta de un familiar, de compras, etc., a los hospitales ingresan enfermos de COVID que requieren muchos cuidados y atención del personal de Salud.

En el Hospital Regional de Autlán han adaptado una especie de “jaulas aisladas” para hacinar hasta cuatro enfermos a la vez, sin circulación libre de aire y con una sola puerta que es cerrada herméticamente, a las que sólo pueden entrar el personal con “trajes especiales” o los nuevos pacientes. En ese covitario, entran pacientes sospechosos continuamente sin resultado de prueba alguna.

El personal de enfermería, una vez adentro, no puede salir hasta terminar su jornada de trabajo; pasa hasta 6 horas de pie con un traje que no es de su talla, con un cubrebocas que tuvo que comprar con su dinero porque “no hay” en el hospital, con una mascarilla muchas veces improvisada, con guantes muy ajustados, con un pañal de adultos puesto, y debe atender a la vez varios pacientes enfermos de COVID-19 con crisis de ventilación, entre otros síntomas.

Solo tienen sus pensamientos para cuidar a los enfermos, pero también tienen necesidades, cansancio, estrés, dificultad para respirar por la mascarilla puesta; no pueden ni siquiera rascarse porque traen un traje y guantes que lo impiden. Al igual que los pacientes están incomunicados, con excepción del interfón. Viven en duelo permanente, pues son testigos mudos del fallecimiento de los enfermos a los que cuidan con dedicación, esperando que se alivien.

Cuando termina su jornada, deben cambiarse de ropa y deben hacerlo con sumo cuidado, pues se pueden contagiar y contagiar a los demás. Deben realizar todo un protocolo de desinfección, bañarse muchas veces con agua fría en la madrugada y prepararse para irse a su casa con su familia, con el temor de enfermarlos accidentalmente.

Hasta aquí todo parece muy complicado y difícil para nosotros, pero aún falta la cotidianidad de la rutina del trabajo. También deben entregar su turno y llenar una decena de papeles, ver que no les falte nada del escaso material y equipo por el que firmaron un vale, actualizar indicaciones, entregar a los pacientes y revisar sus pendientes personales y laborales antes de checar su salida del trabajo.

Pregunto, ¿qué merece la trabajadora de la salud además de su salario bien ganado? ¿Ignorarla cuando pasa por los pasillos del hospital, verla con desprecio, gritarle, señalarla como floja, no escuchar sus peticiones, maltratarla, negarle permisos, no darle vacaciones, reportarla, exigirle más, despedirla? ¿Qué haría usted por ella? ¿Le aplaudiría a la pasada? ¿Le daría las gracias?

La trabajadora no espera nada a cambio de su dedicación y amor por sus pacientes, lo único que espera es un trato digno, como cualquier otro trabajador. Sin embargo, en el Hospital Regional de Autlán de la Secretaría de Salud, el personal se duele del maltrato de que es objeto por parte de su director y del subdirector.

Las trabajadoras señalan hostigamiento por parte de la jefa de enfermeras, hostigamiento por parte del director y subdirector, despidos injustificados para dejar las vacantes para los amigos del director, los cuales no cubren sus jornadas de trabajo completas, dejando en abandono a los pacientes; horarios de trabajo “a modo” para los amigos, contratos de trabajo a discreción y a criterio de los jefes para los compadres.

En cambio, para el resto de los trabajadores la negativa de vacaciones, negativa de permisos, falta de insumos para el trabajo, despojo de espacios para resguardo de artículos personales del personal médico y de enfermería, abuso del personal de seguridad contra médicos, falta de alimentos para personal de jornada nocturna, amenazas, burlas.

Pero lo que más duele a este personal médico víctima de abuso, es la impotencia de no poder hacer nada. Se duelen de que en esta crisis no haya quien los escuche, de la impunidad con la que actúan los directivos y que nadie en la Secretaría de Salud pueda resolver el maltrato físico y psicológico de que son objeto. El personal que no tiene base tampoco tiene ninguna seguridad social, no tienen seguridad en el trabajo, no tienen prestaciones, son discriminados y tratados con violencia laboral.

Por eso, agotados física y psicológicamente hacen una amplia petición a la población para que se sumen a su desesperada solicitud, para que por lo menos cambien de director y de subdirector del hospital, reinstalen en su trabajo al personal injustamente despedido y pongan en esos puestos a personas con vocación y espíritu de servicio.

Como trabajador del Sector Salud me solidarizo, me sumo a esa solicitud, pido a mis familiares y amigos que también se sumen, y quienes puedan por su cercanía, le pidan al gobernador que los escuche y les haga justicia.

Porque estar sano es un compromiso de todos, “hoy por el personal de salud y mañana por nosotros”.

LL/LL

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