Agenda Ciudadana | Negar la realidad

La mexicana no es una sociedad bien comunicada, y en ello tienen responsabilidad tanto los medios como los gobiernos. No tenemos suficiente libertad de expresión ni se respeta el derecho a la información. Tener otros datos y negar la realidad es una costumbre nacional.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 02 de marzo de 2021. (Letra Fría) El 23 de febrero pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador, acompañado de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, y del mandatario argentino, Alberto Fernández, conmemoraron el aniversario 108 de la muerte de Francisco I. Madero, el conocido en el panteón oficial como “Apóstol de la Democracia”.

La ceremonia contó con la lectura de un fragmento del libro “La Revolución Mexicana, mi contribución político-literaria” de Federico González Garza, en voz de la esposa del Presidente López Obrador. Una descalificación al trabajo periodístico de aquella época.

La doctora Beatriz Gutiérrez leyó pronunciamientos como el siguiente:

“Ahora se puede afirmar que Madero no tuvo entonces enemigo más cruel, más despiadado, más infame, más perverso y vil en el grupo de periodistas que antes habían sido admiradores miserables o lacayos de la dictadura. Débiles, cobardes y serviles con quien los humillaba, se tornaron altaneros e insolentes con quienes respetaban su vida y lo dignifican”.

Por supuesto, tal lectura no fue una revisión historiográfica, sino un mensaje desde el poder público, específicamente desde la Presidencia, a la sociedad mexicana y latinoamericana, referente a la función de los medios de comunicación en el presente.

Antes, durante La Mañanera de dos horas, en compañía también del presidente argentino, AMLO y el mismo Alberto Fernández descalificaron el trabajo periodístico en sus respectivos países, un reclamo que no debiera pasar inadvertido.

Las relaciones del poder público y de la prensa nunca han sido fáciles, y no deben serlo. Deben ser en todo caso, respetuosas y críticas.  Sin embargo, estas son sólo ideas que no alcanzan a la realidad compleja, marcada por la lucha de intereses.

En general, los gobiernos de izquierda no gustan de la libertad de expresión, pero tampoco los de derecha. Sin embargo, la idea de democracia izquierdista es comunitaria y, la de derecha, individualista, ésta en teoría más propicia a la libre expresión… en teoría.

En la realidad, es tan importante el derecho de libre expresión, como el derecho a la información, es decir, entre otras cosas, la transparencia gubernamental. Y es en ello que las cortinas indiferentes, incluso sarcásticas, del poder público, no dejan ver.

AMLO ya sabía lo que le esperaba con la prensa, por eso sus “mañaneras” tempraneras, para editar con su discurso a la opinión pública durante el resto del día, todos los días. En términos de lo deseable democráticamente, estas “mañaneras” no han sido impecables, ni en la forma ni en el contenido. 

La frase ahora conocidísima de “yo tengo otros datos”, como si cada quien pudiera tener datos diferentes de una misma realidad, es una clásica salida fácil usada desde hace mucho por los funcionarios de gobierno para desestimar afirmaciones o cuestionamientos de periodistas.

La pandemia de COVID19 ha evidenciado la fatalidad de que cada quien tenga otros datos, sus datos. En realidad no importa qué datos tiene alguien y cada quien, sino la verdad objetiva que debe ser reconocida por todos.

Lo cierto es que la mexicana no es una sociedad bien comunicada, y en ello tienen responsabilidad tanto los medios como los gobiernos. No tenemos suficiente libertad de expresión ni se respeta proactivamente el derecho a la información.

Negar la realidad es una costumbre nacional.

MA/MA

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