Agenda ciudadana | Un gobernador que visita a los presos

Este lunes, David Chávez Camacho habla de los derechos humanos de las personas privadas de su libertar y de las acciones del gobierno de Jalisco para darle condiciones dignas a la población penitenciaria.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 24 de agosto de 2020. (Letra Fría) El gobernador del estado, Enrique Alfaro Ramírez, inauguró un nuevo dormitorio en el Centro de Reinserción Femenil de Puente Grande, acompañado del coordinador general estratégico de seguridad, Ricardo Sánchez Beruben, y del director general de Prevención y Reinserción Social, José Antonio Pérez Juárez.

Según la información institucional, “el gobernador del estado se comprometió a iniciar de inmediato reuniones con la Coordinación General Estratégica de Seguridad, directivos de Reinserción Social y de Infraestructura y Obra Pública, para la redignificación general de la infraestructura penitenciaria”.  

La información al respecto, señala que “este módulo de dormitorios, totalmente nuevo, fue construido sobre una superficie de 186.12 metros cuadrados, con inversión de cuatro millones doscientos mil pesos, con capacidad de albergar a 56 mujeres privadas de la libertad en ocho estancias para sólo siete personas cada una, con literas higiénicas, ventilación, iluminación, espacio amplio, baños dignos, teléfonos públicos y expresiones plásticas de internas partícipes en los programas formativos artísticos de Reinserción Segunda Oportunidad, política pública penitenciaria desarrollada en el sistema penitenciario de Jalisco”.

Una interna del Centro de Reinserción Femenil, de nombre Julia, habría agradecido al gobernador sus apoyos que la población penitenciaria, pues –dijo- ha sentido “mejoría de su calidad de vida dentro de los centros de reinserción, así como en los programas formativos que les permiten desarrollarse para su reintegración a la sociedad y a sus familias como mejores personas”.

Las autoridades penitenciarias señalan que con este nuevo módulo de dormitorios en el Centro de Reinserción Femenil se abate la sobrepoblación y se fortalece el respeto penitenciario jalisciense a los derechos humanos y el desarrollo de la reinserción social, para mantener prácticamente en cero la reincidencia delictiva, “tal como ha instruido el gobernador”.

Un asunto de este hecho llamó la atención. “Los recursos invertidos en la construcción de dormitorios nuevos y en la remodelación general, fueron obtenidos mediante la venta de refrescos y artículos varios de consumo legal y cotidiano, recursos que nunca habían sido direccionados correctamente”.

La información publicada por Reinserción Social agregó que “al recibir la institución y sus instalaciones, en diciembre de 2018, un diagnóstico de las instalaciones y programas reveló problemas de hacinamiento y de sobrepoblación, lo que generaba condiciones insalubres e inhumanas que violentaban derechos humanos fundamentales de las personas privadas de su libertad”.

Hasta aquí las referencias a la información vertida institucionalmente. Y ahora una reflexión que debe hacerse en términos sociales; la reinserción social de las personas privadas de la libertad, como la Ley les denomina, es muy importante, pues resulta ser una actividad correctiva no sólo para quienes por alguna u otra causa terminaron en prisión, sino para toda la sociedad. Esto, claro, si el discurso institucional se trasciende en actitudes y acciones reales.

Regularmente, los buenos tratos a quienes están en prisión generan una especie de escándalo público, que se debe a la ignorancia, pero también al agravio que las víctimas del delito y sus familiares han tenido que sufrir. Sin embargo, quien visita las prisiones descubre que los prejuicios sociales suelen ser deficientes y dañinos. Lo primero que asombra al visitar una prisión es que las personas ahí reclusas –aunque señaladas con un uniforme-, son esencialmente indistinguibles de quienes viven en libertad.

Ciertamente, México es un país que debe escuchar a las víctimas del delito, pero también a quienes están en prisión. Algo se rompió afuera y adentro de las prisiones; la justicia, la ley, el sentido común, el equilibrio entre el poder y la debilidad, el respeto al ser humano, el sentido de lo sagrado. Dentro o fuera de las prisiones, México ya no puede tolerar que se sume sufrimiento al sufrimiento.

LL/LL

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