“La ansiedad está relacionada con el miedo,
pero no es lo mismo
… el miedo: reacción emocional a una
amenaza eminente percibida o real,
mientras que la ansiedad surge
cuando se espera una futura amenaza”
Jonathan Haidt
La Generación Ansiosa
La llegada del huracán Polo a la Costa Sur de Jalisco puso a la comunidad frente a una emoción tan antigua como humana: el miedo. Ante la amenaza, se activaron protocolos de prevención, se suspendieron actividades y se recomendó atender las indicaciones de las autoridades. Sin embargo, cuando el fenómeno no produjo los daños esperados, aparecieron también las bromas, los memes y hasta el cuestionamiento de las medidas tomadas.
Ante el posible impacto del huracán:
• Se implementaron protocolos de seguridad ante la llegada del huracán Polo a la Costa Sur de Jalisco, siguiendo recomendaciones científicas.
• Consideremos que el cambio climático ha intensificado los daños de fenómenos naturales, agravando el impacto en zonas vulnerables. Algunos científicos llaman a ésta época el Antropoceno.
• La ubicación de asentamientos humanos en áreas de riesgo incrementa la exposición a desastres.
• Se recordó una tragedia previa en el arroyo El Cangrejo, con pérdidas humanas y daños a la infraestructura y al ánimo social.

Entre el miedo y la ansiedad existe una diferencia fundamental: el miedo responde a una amenaza inmediata, mientras que la ansiedad anticipa una amenaza futura. Esa espera puede ser, en ocasiones, más inquietante que el propio acontecimiento.
Pero aquella noche ocurrió algo distinto. Frente a la incertidumbre, la cultura ofreció un espacio para respirar. El recital de la Orquesta Sinfónica en el concierto ECOS de Autlán, bajo la dirección del maestro Armando Manuel Peraza Guerra interpretó un interesante repertorio incluyendo una obra de su autoría: Sueño Despierto. El concierto se convirtió en una especie de refugio colectivo: un lugar donde la música permitió dejar por un momento las preocupaciones y recuperar la sensación de comunidad. El concierto formaba parte del programa general de la celebración de las fiestas patrias.
Yo también decidí acudir. Me fui al concierto para alejar mis propios miedos y neutralizar las ansiedades. En el recinto, frente a la música, ocurrió algo sencillo pero profundo: en algún momento, no había huracán, pronósticos ni incertidumbre. Estábamos la música y nosotros.
La fotografía que acompaña este texto lo resume: el recinto, la música y la comunidad reunida. Quizá esa sea una de las funciones más antiguas del arte: crear un espacio de calma cuando afuera todo parece incierto.





