Contigüidad. Mientras aplican estos plaguicidas por aspersión, los 53 alumnos están en clase, desayunando o tomando el recreo a metros de distancia, pues solo hay un alambrado que los separa del cultivo. (Foto: Violeta Meléndez).

Dañan plaguicidas a niños en Autlán

en Salud

Por: Violeta Meléndez/NTR Guadalajara.

Autlán de Navarro, Jalisco (LF).- Karla Padilla inscribió a su hijo en la telesecundaria Venustiano Carranza de la delegación El Mentidero, un territorio de vocación cañera en Autlán de Navarro. Desde el primer año, a su muchacho le daban permiso de regresar temprano a casa por el dolor de cabeza del que se quejaba y que cada vez se hacía más frecuente, lo que también le obligaba a cambiar de pastillas para que le hicieran efecto.

A Karla le preocupaba la situación, pero no creyó que fuera algo grave. Después, platicando con su cuñada se enteró que su hija, estudiante de la misma telesecundaria, también regresaba con dolores de cabeza y náuseas por las que frecuentemente se automedicaba, entonces la alerta comenzó a subir y sospecharon del plantel.

Sus hijos no eran los únicos, más de alguna vez, los 53 alumnos de la secundaria experimentaron esos y otros malestares, como irritación de ojos y vómito: se estaban intoxicando de forma aguda con plaguicidas que rociaban en la parcela escolar.

A diferencia de otras escuelas, la Venustiano Carranza de El Mentidero tiene como vecina una pequeña parcela que desde hace tres años incursionó con el cultivo de pepino; cada tercer día y alrededor de las 10 de la mañana, a la hora en que sirven el desayuno a los estudiantes de la secundaria, es rociada con al menos seis pesticidas para evitar los insectos que parasitan el cultivo, conocidos como trips y mosca blanca.

Es decir, mientras aplican estos plaguicidas por aspersión, los 53 alumnos están en clase, desayunando o tomando el recreo a metros de distancia, pues solo hay un alambrado que los separa del cultivo.

Pero además de este contacto inmediato que les generó constantes intoxicaciones agudas, viven en una delegación rodeada de cultivos de caña y aguacate donde incluso sus familiares trabajan. La exposición a los agentes activos contra plagas es permanente y de múltiples fuentes.

Hallan coctel de tóxicos

La ciencia lo confirmó. El 12 de abril pasado, investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología (CIESAS) analizaron muestras de orina de los 53 estudiantes de la telesecundaria de El Mentidero y, en todos encontraron presencia de al menos dos de cuatro diferentes herbicidas: glifosato, 2,4-D, picloram y molinato.

“Había ocasiones en que los niños estaban desayunando entre 10 y media y 11 y ya estaban rociando (la parcela), todo eso estaban absorbiendo, de hecho los salones, las ventanas, dan al potrero y todos los vapores se concentraban en el salón. Comentaba el maestro que todos los niños se inquietaban mucho, se alocaban, no hallaba cómo controlarlos, entonces se le sugirió al director que hablara con los de la parcela”, relató Karla, a quien los investigadores que hicieron el estudio le presentaron los resultados y advirtieron los riesgos para la salud de sus hijos.

“Si siguen absorbiendo eso, el hígado sigue filtrando; primero aparecen los síntomas que ya tuvieron los niños y después sigue el cáncer u otras enfermedades más alarmantes, mortales, ahora sí que lo que se fregó se fregó. La única solución es retirar los sembradíos de los niños”, advirtió.

De acuerdo con los resultados que entregaron los investigadores Humberto González y Felipe Lozano, el picloram, el 2,4-D y el glifosato son probables generadores de cáncer en los humanos, alteran el equilibrio hormonal, causan hiperactividad y pérdida de atención en niños, además de daño renal y hepático a largo plazo, mientras el molinato puede perjudicar los espermatozoides cuando la exposición es constante. A través de los estudios, se descartó que actualmente los jóvenes de la telesecundaria padezcan daño renal.

Pero no son los únicos. La investigación de los médicos se extendió a 178 niños de la primaria José María Morelos y al kínder de El Mentidero que, a pesar de no tener como vecino inmediato un cultivo como la telesecundaria, su orina sí arrojó presencia de al menos uno de 10 variedades de plaguicidas, los más frecuentes fueron otra vez el glifosato y el molinato.

También se llevó el estudio a Ahuacapán, otra delegación de Autlán de Navarro, y en 103 niños de preescolar y primaria encontraron un catálogo de 12 plaguicidas distintos, de nuevo, el glifosato resultó ser la constante entre la totalidad de los menores analizados.

“Tanto en el caso de Ahuacapán como El Mentidero, todos los niños están expulsando a través de su orina pesticidas que son tóxicos y afectan su desarrollo psicológico, pero también su salud. No es un caso particular solamente en la telesecundaria, encontramos desde los niños del kinder de tres años presencia de pesticidas, estamos hablando de un problema de la población”, dijo el investigador encargado, Humberto González.

“El Mentidero está totalmente rodeado de cultivos, aunque no sea muestreado (el resto de la población) esperamos que esté en las mismas condiciones”, añadió el investigador Luis Manuel Martínez, quien sospecha que también los adultos pueden estar igual de contaminados, aunque en los niños el riesgo de que enfermen prematuramente o no se desarrollen correctamente es mayor.

Exigen solución

El pasado viernes en el palacio municipal de Autlán se reunieron autoridades e investigadores para definir líneas de acción en torno a esta problemática luego de darse a conocer el resultado de los estudios en junio, lo cual alarmó a la población. A pesar de la preocupación e involucramiento de las madres de familia en este proceso, no fueron convocadas oficialmente, pero sí acudieron a la cita.

El presidente municipal, Miguel Ángel Íñiguez Brambila, no acudió y envió en su representación al regidor Walter Méndez Parra, quien cedió la voz a los investigadores que plantearon algunas soluciones al problema, como establecer márgenes mínimos de 300 metros de distancia entre las zonas de aspersión de plaguicidas y asentamientos humanos, reducir la cantidad de productos comerciales con activos altamente tóxicos y preferir agricultura orgánica, donde se combatan las plagas a través de control biológico o alternativas no sintéticas. Sin embargo, las autoridades presentes no mostraban una ruta de acciones clara.

Ante la ambigüedad de los representantes del ayuntamiento e incluso del agricultor que siembra pepino con plaguicidas en la parcela escolar de la telesecundaria, Karla Padilla pidió al campesino a comprometerse y no seguir vertiendo sustancias mientras los adolescentes estudian, lo cual no fue contestado a causa de que el regidor Méndez Parra intervino y pidió no hacer “ataques directos” y no “satanizar” una actividad que era el sustento económico del señor.

Después de más de tres horas donde las acciones para atacar el problema no se concretaban, la mujer volvió a exigir compromisos concretos, pues el próximo 26 de agosto es el regreso a clases y el pepino está por fructificar en la parcela, con ello volverá la aplicación de pesticidas junto a los jóvenes.

Finalmente con la presión de Karla, el director de Desarrollo Rural de Autlán, Goretis Lozano Pérez, se comprometió a hacer un censo de parcelas alrededor de las escuelas de Autlán y proponer paquetes alternativos de bajo impacto para el control de plagas con bitácoras para darles seguimiento. Además pidieron al agricultor de la parcela escolar que deje de fumigar en horarios de clases y reduzca la cantidad de sustancias que vierte, pues hasta 40 por ciento de lo aplicado vía aspersión se incorpora a la atmósfera, según dio a conocer el investigador Manuel Martínez.

Los académicos recordaron que la mesa de trabajo se denomine “por una infancia libre de plaguicidas”, pues no se trata de un problema aislado de las delegaciones ni de Autlán, sino de todas las regiones donde no hay control ni supervisión de los pesticidas.

Exigen solución

El pasado viernes en el palacio municipal de Autlán se reunieron autoridades e investigadores para definir líneas de acción en torno a esta problemática luego de darse a conocer el resultado de los estudios en junio, lo cual alarmó a la población. A pesar de la preocupación e involucramiento de las madres de familia en este proceso, no fueron convocadas oficialmente, pero sí acudieron a la cita.

El presidente municipal, Miguel Ángel Íñiguez Brambila, no acudió y envió en su representación al regidor Walter Méndez Parra, quien cedió la voz a los investigadores que plantearon algunas soluciones al problema, como establecer márgenes mínimos de 300 metros de distancia entre las zonas de aspersión de plaguicidas y asentamientos humanos, reducir la cantidad de productos comerciales con activos altamente tóxicos y preferir agricultura orgánica, donde se combatan las plagas a través de control biológico o alternativas no sintéticas. Sin embargo, las autoridades presentes no mostraban una ruta de acciones clara.

Ante la ambigüedad de los representantes del ayuntamiento e incluso del agricultor que siembra pepino con plaguicidas en la parcela escolar de la telesecundaria, Karla Padilla pidió al campesino a comprometerse y no seguir vertiendo sustancias mientras los adolescentes estudian, lo cual no fue contestado a causa de que el regidor Íñiguez Brambila intervino y pidió no hacer “ataques directos” y no “satanizar” una actividad que era el sustento económico del señor.

Después de más de tres horas donde las acciones para atacar el problema no se concretaban, la mujer volvió a exigir compromisos concretos, pues el próximo 26 de agosto es el regreso a clases y el pepino está por fructificar en la parcela, con ello volverá la aplicación de pesticidas junto a los jóvenes.

Finalmente con la presión de Karla, el director de Desarrollo Rural de Autlán, Goretis Lozano Pérez, se comprometió a hacer un censo de parcelas alrededor de las escuelas de Autlán y proponer paquetes alternativos de bajo impacto para el control de plagas con bitácoras para darles seguimiento. Además pidieron al agricultor de la parcela escolar que deje de fumigar en horarios de clases y reduzca la cantidad de sustancias que vierte, pues hasta 40 por ciento de lo aplicado vía aspersión se incorpora a la atmósfera, según dio a conocer el investigador Manuel Martínez.

Los académicos recordaron que la mesa de trabajo se denomine “por una infancia libre de plaguicidas”, pues no se trata de un problema aislado de las delegaciones ni de Autlán, sino de todas las regiones donde no hay control ni supervisión de los pesticidas.

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